“Caíste de la madre, arrancada cruelmente de tus semejantes, de la estabilidad de la rama donde estabas segura y viva. Te dejaste llevar mecida y golpeada por el viento entre tus hermanas, que prefirieron la libertad y la muerte al estatismo y la vida: te dejaste de aferrar a tu hogar irreversiblemente. Bailarina decadente, saltarina del aire, no tienes voluntad y no estás sola. Indiferente a todo, arrastrada, chocas y te confundes y desapareces entre un remolino de sensaciones cromáticas, sin rabia, sin culpa, sin odio, solo volar dónde te lleve el azar. Entre todas, una más, formas parte de una fuerza frágil que se esparce por el mundo como cenizas de colores que no quieren enterrarse.
A ti que no te importa lo que te digan, ni como te traten, sino ser en el tiempo y en la vida y en el viento por el puro placer de estar sin mucho sentir. Eres tú misma y no eres nadie en la corriente, decidiste no ser, tranquila y sencilla, nada te importa, ya no te rebelas, no luchas. En la más absoluta de las indiferencias: ahora asciendes, ahora caes, siempre en silencio.”