Fénix philosopher
La amistad es nuestra religión; Nadie, nuestro Dios; y la ignorancia, nuestro templo. Bienvenidos.
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domingo, 24 de abril de 2011
El partido más trascendente de nuestro siglo
Fénix philosopher
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domingo, 17 de abril de 2011
Un pronòstic aterrador
"L'energia del futur?
Les creixents necessitats energètiques s’estan convertint en un problema global que afecta a tots els àmbits de l’economia i per tant de la societat. Avui vivim en una gran xarxa que cada vegada és més profunda i extensa per impuls del capitalisme. La principal repercussió d’aquest fet és que el més petit canvi en el capital internacional o un desastre natural com l’huracà Katrina poden perjudicar greument els bancs centrals de tot el món. Ciutats com Londres, Tokio o Nova York són els exemples més clars d’indrets clau des d’on, gairebé literalment, es controla el món. És, doncs, per aquesta realitat globalitzada en la qual vivim, que no es pot fer política energètica local sense tenir una perspectiva mundial del consum i de les fonts d’energia disponibles de forma sostenible.
Com tots sabem, els combustibles fòssils són una font energètica limitada i molt contaminant de la qual, malauradament, en depenem tots. Per aquest motiu, fa temps que es busquen altres fonts d’energia renovables i duradores, i així hem acabat pensant en una vella amiga avui ja molt desprestigiada: l’energia nuclear. Però tot i la por que generalment causa, l’energia nuclear té molts avantatges en els quals molts no en pensem. En primer lloc, és una energia neta que no emet CO2 a l’atmosfera i els residus de la qual són emmagatzemats amb seguretat, en contraposició amb els combustibles fòssils com el petroli, el carbó o el gas, que serveixen com a catalitzador del canvi climàtic. Per tant, l’energia nuclear també ens ajuda a reduir la nostra dependència d’aquesta font energètica tant perjudicial per l’entorn. En segon lloc, suposen una resposta ja disponible a la gran demanda d’energia elèctrica a tot el món. De fet, es diu que l’energia nuclear és una font d’energia gairebé il·limitada, i en conseqüència hem de tenir en compte tots els avantatges que això suposaria per a la xarxa, per a tots. Finalment, els costs de generació són molt competitius si els comparem amb d’altres alternatives, fins i tot les renovables.
Tanmateix, tot i haver parlat dels molt beneficiosos avantatges, seria ingenu i irresponsable oblidar els ja massa coneguts desavantatges que s’han materialitzat en exemples històrics tan terribles com les bombes nuclears contra Hiroshima i Nagasaky, l’accident de Chernòbil. Per començar, com també tots sabem molt bé, és una energia potencialment molt perillosa que, en cas de tragèdia, suposa patir unes conseqüències abismals en el temps i en l’espai. D’altra banda, la utilització de subproductes com el plutoni és un gran risc per a la proliferació d’armament nuclear en mans tant de terroristes com d’estats. A més, els residus, tot i ser ben emmagatzemats, són un greu perill públic que perdurarà milers d’anys, donat que, fins el dia d’avui, no hi ha cap tractament segur. Cal afegir que, tot i que els costs de generació són molt competitius, si a aquests els sumem l’assegurament de les centrals i el tractament dels residus (emmagatzemament, etc.) probablement ens trobaríem amb la font en ús més cara actualment. I això, de fet, sense tenir em compte que l’urani, com a combustible, no és una matèria prima que estigui assegurada més enllà de setanta anys.
Segurament, no convenç a ningú això d’enviar fums nocius a l’atmosfera, igualment que provoquen una gran inquietud aquestes centrals nuclears que en qualsevol moment poden ocasionar una desgràcia de proporcions apocalíptiques per causes fins i tot alienes a la nostra voluntat, com pot ser un gran terratrèmol. Potser són les energies renovables la veritable solució, però pocs imaginen un futur on a la volta de cada carrer trobin un munt de plaques solars o molins de vent. En qualsevol cas, el que sembla clar és que cap d’aquestes no és una solució màgica definitiva, sinó tan sols una forma de retardar l’inevitable mentre els nostres millors científics pensen a la desesperada formes perquè nosaltres i el nostre món, la xarxa que a tots ens connecta sense excepció, no se’n vagi en orris."
Redactat el 28 de març de 2008.
Mai hagués imaginat que quan vaig redactar aquest article per a la universitat estaria endevinant un terrible succès tres anys més tard...
Fénix Nostradamus
martes, 15 de febrero de 2011
El político del cine: otra puesta en escena
Una representación superficial y efectista como sus películas. Bonita, pero cuando acaba uno se pregunta: ¿qué ha dicho realmente?
Fénix
lunes, 14 de febrero de 2011
Grandes inutensilios de la historia
Hoy: desayunos en bares:
Las tazas de café siempre me han resultado especialmente molestas por su "agarradero" o "asidero" hecho para dedos de niños de cinco años no muy desarrollados horizontalmente. Sí, porque si tienes los dedos como palillos de tambor aun puedes coger la taza, pero si no, corres el riesgo de hacerte un torniquete. El otro día me pasó que caí en esa trampa del diablo y tuve que valerme de mi otra mano y de la fuerza para poder extraer mi enrojecido índice del objeto de cerámica. Todo un trauma porque la alternativa a no agarrar así la taza es bebérselo medio frío o chamuscarse la mano. Ya se pueden ustedes imaginar. Ahora ya pido los cafés en vasos de plástico para llevar, pero no los tienen en todas partes.
El otro gran invento, cuya inutilidad se demuestra casi por consecuencia del primero, son las servilletas de papel acumuladas en esos cacharros metálicos que simpre se caen al suelo o que nunca están cuando los necesitas. Se te cae el café porque te chamuscas la mano o no consigues introducir bien el dedo en el orificio (a partir de ahora mutilador o creamuñones) y necesitas algo absorbente para secar la mesa o en el peor de los casos tu camiseta y pantalones. Lo único que encuentras cerca son un montón de papeles con textura de plástico y pequeños que necesitas en cantidades industriales (todo el cacharro) para que comience a verse algún efecto notable. Pero claro, para cuando ya tienes suficientes papeletas, el café ya no solo te ha calado hasta los huesos sino que hasta te ha llegado al sistema nervioso a través de la piel. Sí, hasta ella absorbe más rápido que ese invento absurdo. Pero hay que ser positivos: otra forma interesante de despertarse con el café. En fin, debí hacer más caso a mi madre cuando me decía que nunca olvidase los cleenex. Ellas saben mejor que nadie resolver las pequeñeces molestas de la vida.
En fin, habría que buscar a los inventores y creadores de la patente de estos inutensilios y llevarlos a juicio por daños morales y físicos a la sociedad. Lo que no recuerdo es si solo padecemos esta plaga los españoles o ya es otro fenómeno global e imposible de detener como el capitalismo.
Fénix monologuista
Las tazas de café siempre me han resultado especialmente molestas por su "agarradero" o "asidero" hecho para dedos de niños de cinco años no muy desarrollados horizontalmente. Sí, porque si tienes los dedos como palillos de tambor aun puedes coger la taza, pero si no, corres el riesgo de hacerte un torniquete. El otro día me pasó que caí en esa trampa del diablo y tuve que valerme de mi otra mano y de la fuerza para poder extraer mi enrojecido índice del objeto de cerámica. Todo un trauma porque la alternativa a no agarrar así la taza es bebérselo medio frío o chamuscarse la mano. Ya se pueden ustedes imaginar. Ahora ya pido los cafés en vasos de plástico para llevar, pero no los tienen en todas partes.
El otro gran invento, cuya inutilidad se demuestra casi por consecuencia del primero, son las servilletas de papel acumuladas en esos cacharros metálicos que simpre se caen al suelo o que nunca están cuando los necesitas. Se te cae el café porque te chamuscas la mano o no consigues introducir bien el dedo en el orificio (a partir de ahora mutilador o creamuñones) y necesitas algo absorbente para secar la mesa o en el peor de los casos tu camiseta y pantalones. Lo único que encuentras cerca son un montón de papeles con textura de plástico y pequeños que necesitas en cantidades industriales (todo el cacharro) para que comience a verse algún efecto notable. Pero claro, para cuando ya tienes suficientes papeletas, el café ya no solo te ha calado hasta los huesos sino que hasta te ha llegado al sistema nervioso a través de la piel. Sí, hasta ella absorbe más rápido que ese invento absurdo. Pero hay que ser positivos: otra forma interesante de despertarse con el café. En fin, debí hacer más caso a mi madre cuando me decía que nunca olvidase los cleenex. Ellas saben mejor que nadie resolver las pequeñeces molestas de la vida.
En fin, habría que buscar a los inventores y creadores de la patente de estos inutensilios y llevarlos a juicio por daños morales y físicos a la sociedad. Lo que no recuerdo es si solo padecemos esta plaga los españoles o ya es otro fenómeno global e imposible de detener como el capitalismo.

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martes, 8 de febrero de 2011
¿Nobles entrenadores o entrenadores nobles?
¿Si a un gran exponente de liderazgo del futbol español, y en primer lugar del madridismo (signo del ya conocido centralismo borbónico), le otorgan el título de marqués, Marqués del Bosque (que suena como al Gigante Verde o a un gran druida como Merlín), a otro mucho más exitoso y en menos tiempo no le deberían dar un reconocimiento mucho mayor? Lo cierto es que llamarse "guardiola" (para quien no lo sepa "hucha" en castellano), además de su aire filosófico, disciplinado, cabelleroso y elegante innegable, ya le ha reconocido como una gran imagen para el Banco Sabadell. De hecho, participar de esa publicidad creo que ha hecho vanidoso a Guardiola, rompiendo parte de su cuidadísimo estilo galante y cultivado. Pero a pesar de ello, sigue siendo ejemplar, ha sido reconocido catalán del año 2010 y es extremadamente querido por todos los culés.
Yo propongo que nuestro excelentísmo rey, y se lo digo en castellano para que me entienda, le devuelva a este hombre el título de:
¡GUARDIOLA, COMTE DE BARCELONA!
Mejor decirlo antes de que alguien cree un grupo en el facebook, si no lo ha hecho ya, y así me adjudico el "mérito" de la broma, ¿no?
Fénix aristocrático
martes, 1 de febrero de 2011
Picoteadores cocteleros
Probar de todo y rápidamente. Hay demasiado y tenemos poco tiempo. Angustia por un mundo que nos hace una oferta abrumadoramente amplia y profunda. Somos picoteadores, nos gusta la variedad y rehusamos la especialización, la individualización y la concreción en algo por mucho tiempo para evitar identificaciones fuertes. Apostadores miedosos, disfrutamos combinando, experimentando y mezclando en pequeñas cantidades que intentan representar grandes realidades. Amamos nuestros cócteles y hacemos del collage nuestro estilo de representación artístico y vital por excelencia. Cóctel, collage y refrito, tres perspectivas de lo superficial que intentan sintetizar en atajos largas cadenas de significado. Reformulaciones integradas hacia nuevas verdades que parten a menudo de conocimientos y técnicas mal o parcialmente entendidas. Las pérdidas de la esencia individual en busca de respuestas colectivas y holísticas como fórmulas tendenciosas, contundentes y finales.
En el sexo, lo llamamos promiscuidad. En las comidas, dieta variada. En el ámbito académico, transversalidad interdisciplinar, cultura general. En el trabajo, capacidad de adaptación para aumentar nuestra cantidad de herramientas. En los amigos, multiplicidad de perspectivas y verdades ajenas a las nuestras.
Amplia riqueza superficial al servicio de la publicidad, de la capacidad de persuasión y de la prosperidad individual.
Fénix fusión
En el sexo, lo llamamos promiscuidad. En las comidas, dieta variada. En el ámbito académico, transversalidad interdisciplinar, cultura general. En el trabajo, capacidad de adaptación para aumentar nuestra cantidad de herramientas. En los amigos, multiplicidad de perspectivas y verdades ajenas a las nuestras.
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martes, 18 de enero de 2011
Crítica a la película Ben-X
Recomiendo ver la película antes de leer la crítica, pues además de tener una alta calidad la crítica contiene spoilers
¿Qué significa ser marciano, un alien o un anormal? ¿Qué significa estar loco o ser un friki, palabra comodín tan de moda? Éstas son algunas de las preguntas que nos suscita esta delirante y provocadora película. Ben es un quinceañero que padece el síndrome de Asperger, una extraña forma de autismo, que le produce una especie de “ceguera emocional” y lo convierte en un “inadaptado social”. Su pasión es un videojuego online de lucha en el que se identifica con un guapo paladín superpoderoso (pues él lo ha convertido en un ser muy fuerte). A través de este personaje se siente reflejado (no como a través del espejo que llegará a destruir) y es él único lugar en el que se manifiesta como individuo, porque se siente seguro y puede tomar decisiones y expresarse sin problemas. Solo en el videojuego se siente realizado como persona. Pero aquí no hay reflexiones sobre lo perjudiciales que son los videojuegos, como a priori se podría esperar, y la película va más allá de esta discusión llena de tópicos que, sin embargo, también está presente si uno quiere.
El mundo real se convierte para él en un infierno donde él mismo se siente extraño, desubicado, incapaz de afrontarlo porque no posee las herramientas y espacios con los que él interactúa habitualmente en su mundo de fantasía, que aquí no es un lugar de evasión, sino su propia y verdadera vida. En el “mundo real” no puede sacar su espada y vencer a los ogros, a los malvados, es decir, a los cretinos que le hacen la vida imposible. Por tanto, fuera del videojuego no hay nada real para él y todo son palabras y sonrisas, un “mundo real” que, en el fondo, no deja de ser un mundo de representación, de apariencias, falso, que nada tiene que ver con el videojuego, que a diferencia del no-videojuego, integra a todo aquel que lo juegue. El “mundo real” se le convierte en un lugar hostil, que no entiende porque en verdad es falso, en el que en especial dos de sus compañeros lo humillan constantemente ante la desgarradora impotencia de los profesores, que sienten que su “cultura” y sus discursos no son ningún antídoto contra la barbarie. De hecho, considera que la realidad también es robótica y artificial para él con frases rituales cuyo significado se ha perdido como “¿cómo estás?” o “¿has dormido bien?” y cuyas respuestas positivas parecen obligadas, sin libertad, coaccionado por “lo correcto”. El videojuego, no obstante, permite que él se identifique con el personaje que quiera (blanco, negro, feo, guapo, orco, humano, mago, guerrero, etc.), es decir, una alegoría de la multiracialidad en la que uno puede cambiar de identidad a placer y sin complejos ni problemas éticos de ningún tipo. Es más puede representar tantos roles sociales como quiera sin ningún tipo de limitación de clase, económica o política y todo depende de su habilidad, siendo él un gran estratega cuya habilidad no puede desarrollar fuera del juego.
En cierto sentido, la película hace una defensa de los videojuegos frente a una realidad que se presenta feroz y despiadada y en la que la educación se define como una represión del ser, unas limitaciones y cortapisas a la autoexpresión y a la libertad. El problema no es, pues, que Ben sea un autista, sino que la sociedad no es capaz de aceptarlo. En otras palabras el problema no radica realmente en él, que no siente tener un problema ni se queja, sino en los demás que ven en él la diferencia, lo extraño, algo anormal, aquello que no pueden o no quieren entender ni asimilar y, por tanto, tienen que dominarlo, marginarlo, reducirlo y destruirlo para que no suponga una amenaza. Una amenaza en el fondo inexistente y que tan solo demuestra los propios miedos e inseguridades de los adolescentes. Sería, pues, un error considerar que la película es una simple denuncia contra la violencia escolar. En el videojuego Ben construye un romance con una chica que más tarde querrá conocerlo, una joven que, no obstante, no llegamos a saber cómo es sino por cómo se la imagina el protagonista idealizándola como la única persona en la que puede encontrar apoyo y le comprende como nadie. Es decir, la ayuda para su futura reintegración social parece que venga del mismo videojuego, contra lo que el tópico social nos suele decir.
Ahora bien, la película es una falsa tragedia con un cierto humor negro exquisito, pues el espectador constantemente espera encontrarse con un clímax en el que Ben acabará por rebelarse contra la sociedad, matando a los acosadores, o contra sí mismo, suicidándose, y se convierte en un juego muy entretenido estudiar todos los engaños que la película te ofrece para que tengas esa mezcla entre deseo y ansiedad. Con todo, cuando su madre lo hace enfrentarse a la vejación sufrida en el instituto por sus compañeros (le graban en vídeo tras bajarle los pantalones y lo cuelgan en Internet) el protagonista sí libera su ira, se desata de las cadenas de la corrección y las buenas formas, y destroza su habitación, incluido su ordenador, al que ya no se le verá jugar más. Al día siguiente, Ben decide suicidarse, que él entiende erróneamente como game over porque en un principio no acaba de comprender que uno no se puede conectar y desconectar a la vida. Es en ese momento cuando aparece su ángel salvador, la chica de sus sueños, a quien en realidad no ha llegado a conocer porque no se presentó a la cita que concertaron y su deseo de vivir se personifica en esa pareja imaginaria, como su propio puente entre lo real y lo imaginario, pero que no descubriremos como tal hasta el último minuto de la película. En otras palabras él mismo se construye su propio mecanismo de autoayuda, ficticio pero no menos efectivo, como no resultaría verosímil de otra forma. Su fantasía, la joven, es demasiado perfecta al comprenderlo de una forma tan profunda.
En este punto, comienza el ascenso del protagonista, pues la chica-imaginaria que se crea le servirá de soporte moral para ganar en autoconfianza e iniciar un proceso de construcción del Yo en el sino de ese mundo falso que se hace llamar verdadero. Será un acto de imposición de ese Yo, hasta entonces contenido, sobre el mundo, una decisión que lo convertirá en un ente pensante autónomo. Lo más interesante de todo es el cómo lo hará, pues potenciará sus habilidades como estratega, es decir, aquel don reprimido por los barrotes del orden y la formalidad, simulando su suicidio con ayuda de sus padres, que por primera vez dejarán a su hijo decidir. Para castigar a los malhechores se vengará mediante la inteligencia, no mediante la fuerza, y su poder será la fuerza de la vergüenza y el juicio acusador de la multitud, que agachará la cabeza y soltará lágrimas de dolor. Tras llamar la atención de los medios de comunicación, en la Iglesia, todos los personajes reunidos, tiene lugar el juicio, pues en medio de la ceremonia aparecerá el humillante vídeo en el que salía medio desnudo y toda la clase se burlaba de él. Es en ese momento cuando más claro se presenta el carácter crístico con el que se quiere dotar al protagonista, una especie de Job que finalmente sale recompensado tras tanta desgracia y que responde a esa pregunta que se hace en clase de religión cuando el profesor explica el descenso de Cristo de la cruz: “¿Oh, Dios, por qué me has abandonado?”. Pues la película nos dice que Dios no había abandonado a Ben y él será el elegido, el ecce homo, el antihéroe ni más ni menos, el redentor de los pecados de la humanidad que se alza resplandeciente (en medio del vídeo se deja ver y la luz del proyector lo atraviesa) y ha resucitado.
Como moraleja final, trágica desde mi punto de vista, Ben nos dice que él había imitado todo cuanto hacía la gente excepto una gente cosa: mentir. Exacto, la mentira se convierte en el principal mecanismo que construye una sociedad, la civilización se fundamenta en la mentira. La prueba es que son los grandes mentirosos los que mejor se adaptan, se integran y conviven con cualquiera. Aquel que miente sin parecerlo (sea porque no es consciente o porque es un gran orador) abusando de la naturaleza hermenéutica del lenguaje, es el gran triunfador. El Mesías, que siempre parece el más desfavorecido, es necesariamente un hipócrita, un estratega que sacrifica la verdad en favor de la manipulación para atraer fieles, pues todo discurso está hecho para convencer no para decir la verdad. Esta es la era de las sonrisas y quien dice y hace lo que los demás quieren oír, ver y sentir, todo un arte muy antiguo y muy poderoso todavía, tendrá lo que quiera. Pero en el fondo, Ben-X nos enseña algo muy importante con respecto a la mentira a través de la metáfora del espejo: queremos ser, nos identificamos, con la fantasía, la ficción, la mentira (la representación, pues nunca dejamos de hablar de representaciones) que nos creamos de nosotros mismos mediante el lenguaje, las imágenes y en definitiva los símbolos, no con “la realidad”, lo que el espejo nos enseña, una imagen externa, un alien que se nos intenta imponer y rechazamos con ira.
Realizada en abril de 2008.
Fénix crítico
miércoles, 12 de enero de 2011
Crítica d'art: Un amor prohibit
L’estil de René Magritte és surrealista i com tota obra surrealista s’ha de llegir en clau. Però abans d’entrar a analitzar-lo amb deteniment primer observarem els elements compositius. En primer lloc, en aquest quadre hi ha dues persones amb el cap tapat amb un mocador que intenten fer-se un petó. Rere d’ells, hi ha un teló de fons pobre on només s’observa un paisatge tempestuós i dos parets: el sostre blanc i una paret lateral vermella. Les parets i el paisatge són el marc de l’escena amorosa i serveixen per situar-los en un espai mínimament definit. Des d’un punt de vista pràctic, les parets, sobretot la vermella, serveixen per donar profunditat a l’escena, car donen un marcat contrast de colors i separen plans.
A cop d’ull, doncs, no sembla que l’espai que els envolta tingui gaire a veure amb ells, però si reflexionem a partir de l’únic que sabem, el títol, podem fer una interpretació d’aquest espai com a símbol. De fet, tot el quadre és un símbol, el significat del qual, com a bona mostra d’art que és, vol ser transmès a través de la suggestió. Com tots sabem el vermell és el color de la passió, que en aquest cas és evident on es manifesta. Per tant, una interpretació possible és que aquesta paret simbolitza el present passional dels amants mentre que el paisatge tempestuós profetitza un futur que no sembla gens prometedor per la parella. Sabem que el personatge de la dreta és l’home perquè porta corbata i és més alt que el de l’esquerra, la dona. Els elements centrals, els mocadors, són un símbol de l’impediment social que no els permet amar-se. En definitiva, l’aparent senzillesa de l’obra pot amagar múltiples interpretacions i, per tant, tot i poder no semblar-ho, no hi ha res d’arbitrari en el quadre. Tot està pensat, com si fos un trencaclosques, per representar l’amor prohibit.
L’estil surrealista de Magritte fou totalment innovador, i tenia ben poc a veure amb els somnis eròtics de Dalí als quals estem acostumats. Tan trencador va ser, de fet, que fins i tot s’ha arribat a qüestionar si el que feia era realment art. El vocabulari de Magritte és impactant, persuasiu i sembla que només hagi de ser una impressió. No obstant això, ningú es conforma amb mirar els seus quadres una sola vegada, perquè potser no diu res en concret o potser diu moltes coses, però el que és segur és que no passa desapercebut a cap persona que hagi posat els ulls, ni que sigui un segon, en les seves pintures. I això és precisament el que vol la publicitat. A més, utilitza imatges clares i evidents gens difícils d’interpretar. Per això, Magritte sempre ha estat un gran referent pels publicistes, que han vist en ell un mitjà de transmissió d’idees exquisit. Tanmateix, d’ell han pres la forma més que no el fons, i tot i que en l’art magrittà la forma fa en gran mesura el fons, la finalitat del missatge no té cap voluntat de lucre. De fet, Magritte, tot i que la detestava, va treballar sovint en publicitat.
Els amants, és un bon exemple de la capacitat de l’artista per transformar els significats dels objectes, car els mocadors, com a element essencial en la composició, omplen l’obra de significat i realitzen una funció distinta a l’habitual, una funció simbòlica. D’altra banda, si comparem aquesta obra amb d’altres del mateix autor ens trobarem que malgrat el gran èxit a l’hora de plasmar en clau surrealista el tema de l’amor prohibit, no aconsegueix amb tanta claredat fusionar contextos impossibles on la realitat i el somni es confonguin. Potser, els amants de Magritte trobaran a faltar en aquest quadre una expressió més grandiloqüent del realisme oníric magrittà i, malauradament, sí contemplaran aquesta obra anecdòticament.
miércoles, 5 de enero de 2011
Un estado policial
La nueva ley que prohibe fumar en espacios cerrados (excepto en tu propia casa afortunadamente) responde a un modelo estatal paternalista y policial que ante su incapacidad para generar una educación cívica y socialmente armónica y progresista crea leyes represivas e incontestables. Un estado que pide a sus ciudadanos que se denuncien unos a otros no puede más que generar violencias y malestar social. Parece que el gobierno, ante su creciente impopularidad por sus otras incapacidades políticas y económicas, ha optado por tirar la toalla y volverse declarada y alternativamente persecutorio y perseguible.
Crear más y más leyes para corregir lo que la educación y la cultura mal entendidas y encauzadas no pueden conseguir, no puede ser una política acertada. Esta ley es una ley en beneficio de los no fumadores que se supone debe ayudar a los que lo son a dejar el vicio. Sin embargo, esta no es una medida diplomática y negociadora, sino coactiva y casi chantajista impropia de un estado democrático moderno. El fumador se convierte en una incomodidad social que poco a poco hay que erradicar y que es perseguido mediante medidas represivas indirectas por un estado cómplice y beneficiario del mal que él mismo ha alentado durante tantos años sin culpabilidad. Tantas son ya las leyes, una acumulación absurda de normas que denotan una concepción estatal de un ciudadano que no sabe gobernarse a sí mismo, que uno ya no sabe qué puede y qué no puede hacer y se ve perdido entre la maraña confusa y tiránica de un sistema cada vez más inaccesible, confuso y lejano.
Fénix no fumador
Crear más y más leyes para corregir lo que la educación y la cultura mal entendidas y encauzadas no pueden conseguir, no puede ser una política acertada. Esta ley es una ley en beneficio de los no fumadores que se supone debe ayudar a los que lo son a dejar el vicio. Sin embargo, esta no es una medida diplomática y negociadora, sino coactiva y casi chantajista impropia de un estado democrático moderno. El fumador se convierte en una incomodidad social que poco a poco hay que erradicar y que es perseguido mediante medidas represivas indirectas por un estado cómplice y beneficiario del mal que él mismo ha alentado durante tantos años sin culpabilidad. Tantas son ya las leyes, una acumulación absurda de normas que denotan una concepción estatal de un ciudadano que no sabe gobernarse a sí mismo, que uno ya no sabe qué puede y qué no puede hacer y se ve perdido entre la maraña confusa y tiránica de un sistema cada vez más inaccesible, confuso y lejano.
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miércoles, 22 de diciembre de 2010
Crítica a Balada triste de trompeta, de Álex de la Iglesia
El otro día fui con un amigo a ver esta película con bastantes expectativas ante la buena crítica. Me habían advertido del estilo de Álex de la Iglesia, pero estoy acostumbrado a las sangrías de Tarantino y ello no me conmociona ni devalúa un céntimo la calidad de films como Malditos Bastardos o Kill Bill. Más allá de esto no los voy a comparar aquí porque me parece grosero poner en la misma balanza a dos autores que tan poco tienen que ver, sin entrar ahora en juicios de valores. Sin embargo, aunque difiera mucho en estilo y sobre todo en elegancia, al igual que Malditos Bastardos guarda un símil: el regodeo en una terrible venganza sin límites de los humillados.
En este caso, estamos ante una obra que si quisiera definirla con brevedad y no decir nada más, como a menudo se hace en las contracubiertas de los que pretenden ser grandes libros, la tacharía de grotesco delirio rococó. La película comienza maravillosamente con unas escenas espectaculares, he aquí otra palabra clave para hablar de este film, de encanto infantil y violencia de pesadilla. El papel devastador de Santiago Segura vestido de pallaso cortando cabezas a diestro y siniestro es algo realmente digno de ver. El tema, la venganza y el amor, son dos universales que no nos dicen nada nuevo aquí, pero que son tratados con la mayor brutalidad posible en el contexto de Guerra Civil y franquismo. Más allá de la evidente denuncia, de la cual a pesar de su necesidad ya estamos saturados en la ficción, la película quiere explotar beligerantemente hasta lo absurdo la historia personal de un individuo torturado por las consecuencias de la guerra y hacer de ello la dimensión colectiva de unas pasiones que en cuanto se desatan generan las peores perversiones. Por otro lado, los actores, en especial el protagonista en su avance de joven inocente y acomplejado a diablo perturbado, realizan en general un papel sublime.
En la primera parte de la película, en la que se desarrolla la historia de amor, el film avanza cuidadosamente con diálogos bien trabajados y a veces hilarantes. La estética de lo absurdo y lo grotesco encajan muy bien en el contexto de un circo, escenario que el director utiliza para representar sin ningún tipo de medida sus más descabelladas y viscerales propuestas en un todo vale si se trata de entretener y divertir. Y si se trata de entretener la película es excelente, pero es evidente que tiene unas ambiciones mucho mayores desde el momento en el que se habla de Guerra Civil y franquismo. En este país si se sacan estos temas se busca siempre cierta solemnidad y profundidad de contenido, buscando algún tipo de verdad o verdades ulteriores. Si no solo sirven a un puro espíritu comercial que responde a una morbosa y macabra sed por lo prohibido y lo imposible de denunciar abiertamente durante tantos años. De aquí la escena de Franco mordido por el protagonista, cual rabioso perro que se rebela contra su tirano amo.
Y no es que la película no tenga un trasfondo cultural. Cuenta con una infinidad de referentes culturales y juega con bastantes imaginarios con los que nos podríamos entretener varias páginas pedantemente hablando. Dentro de una estética dantesca y de absoluta pesadilla, se desarrolla una historia típica de novela de caballerías al más puro estilo quijotesco. Individuos que anteponen su ideal romántico destructivo hasta la locura final donde incluso un hombre que quería volar en su artilugio, una especie de Ícaro con moto, acaba destruido en su soberbia contra una cruz inmensa sobre el Valle de los Caídos; y luego dos Jokers, dos monstruos de Frankenstein perseguidos por la sociedad esencializando el más extravagante barroquismo español. Por un lado, un sádico pallaso disfrazado de cardenal que pierde toda su bondad en su fanatismo y que encuentra su clímax en un área de servicio disparando compulsivamente dos ametralladoras a lo Rambo (una paja mental del director); y, por el otro, un monstruo machista de la España más rancia y fascista con el rostro desfigurado, efigie de su degradación moral. Dos caras de la barbarie y del mal en una generación sin infancia que desata sus pasiones y traumas reprimidos por un amor, una nueva Helena hechizadora de hombres y señalada por la bruja como el origen de todos los males. Al final, cuando el amor muere, solo queda un profundo vacío de muerte.
En definitiva, la película gustará por tratar los grandes temas de siempre en el contexto de moda en revisión de la Guerra Civil. Hoy día, éste sirve tanto a la crítica de la memoria histórica como, en este caso, al puro bombardeo espectacular de fuegos artificiales para un público fácilmente impresionable. ¿Las referencias culturales? Pura apariencia teatral para el regodeo narcisista del autor y del que los sepa reconocer. Sin más trasfondo que Rafael dando la melodramática nota.
Fénix crítico
En este caso, estamos ante una obra que si quisiera definirla con brevedad y no decir nada más, como a menudo se hace en las contracubiertas de los que pretenden ser grandes libros, la tacharía de grotesco delirio rococó. La película comienza maravillosamente con unas escenas espectaculares, he aquí otra palabra clave para hablar de este film, de encanto infantil y violencia de pesadilla. El papel devastador de Santiago Segura vestido de pallaso cortando cabezas a diestro y siniestro es algo realmente digno de ver. El tema, la venganza y el amor, son dos universales que no nos dicen nada nuevo aquí, pero que son tratados con la mayor brutalidad posible en el contexto de Guerra Civil y franquismo. Más allá de la evidente denuncia, de la cual a pesar de su necesidad ya estamos saturados en la ficción, la película quiere explotar beligerantemente hasta lo absurdo la historia personal de un individuo torturado por las consecuencias de la guerra y hacer de ello la dimensión colectiva de unas pasiones que en cuanto se desatan generan las peores perversiones. Por otro lado, los actores, en especial el protagonista en su avance de joven inocente y acomplejado a diablo perturbado, realizan en general un papel sublime.
En la primera parte de la película, en la que se desarrolla la historia de amor, el film avanza cuidadosamente con diálogos bien trabajados y a veces hilarantes. La estética de lo absurdo y lo grotesco encajan muy bien en el contexto de un circo, escenario que el director utiliza para representar sin ningún tipo de medida sus más descabelladas y viscerales propuestas en un todo vale si se trata de entretener y divertir. Y si se trata de entretener la película es excelente, pero es evidente que tiene unas ambiciones mucho mayores desde el momento en el que se habla de Guerra Civil y franquismo. En este país si se sacan estos temas se busca siempre cierta solemnidad y profundidad de contenido, buscando algún tipo de verdad o verdades ulteriores. Si no solo sirven a un puro espíritu comercial que responde a una morbosa y macabra sed por lo prohibido y lo imposible de denunciar abiertamente durante tantos años. De aquí la escena de Franco mordido por el protagonista, cual rabioso perro que se rebela contra su tirano amo.
Y no es que la película no tenga un trasfondo cultural. Cuenta con una infinidad de referentes culturales y juega con bastantes imaginarios con los que nos podríamos entretener varias páginas pedantemente hablando. Dentro de una estética dantesca y de absoluta pesadilla, se desarrolla una historia típica de novela de caballerías al más puro estilo quijotesco. Individuos que anteponen su ideal romántico destructivo hasta la locura final donde incluso un hombre que quería volar en su artilugio, una especie de Ícaro con moto, acaba destruido en su soberbia contra una cruz inmensa sobre el Valle de los Caídos; y luego dos Jokers, dos monstruos de Frankenstein perseguidos por la sociedad esencializando el más extravagante barroquismo español. Por un lado, un sádico pallaso disfrazado de cardenal que pierde toda su bondad en su fanatismo y que encuentra su clímax en un área de servicio disparando compulsivamente dos ametralladoras a lo Rambo (una paja mental del director); y, por el otro, un monstruo machista de la España más rancia y fascista con el rostro desfigurado, efigie de su degradación moral. Dos caras de la barbarie y del mal en una generación sin infancia que desata sus pasiones y traumas reprimidos por un amor, una nueva Helena hechizadora de hombres y señalada por la bruja como el origen de todos los males. Al final, cuando el amor muere, solo queda un profundo vacío de muerte.
En definitiva, la película gustará por tratar los grandes temas de siempre en el contexto de moda en revisión de la Guerra Civil. Hoy día, éste sirve tanto a la crítica de la memoria histórica como, en este caso, al puro bombardeo espectacular de fuegos artificiales para un público fácilmente impresionable. ¿Las referencias culturales? Pura apariencia teatral para el regodeo narcisista del autor y del que los sepa reconocer. Sin más trasfondo que Rafael dando la melodramática nota.
Fénix crítico
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Wassalon y "los niños perdidos"
Wassalon, Clara-Tanit Arqué. Astiberri Ediciones, 2007.
Wassalon es la obra por excelencia de Clara-Tanit Arqué (Girona, 1981) con la que le concedieron un accésit de cómic en el Certamen Injuve celebrado en 2007.
Wassalon (Wass a partir de ahora) es una lavadora que decide rebelarse contra su propia funcionalidad. El cómic parte del primer episodio titulado “Soy una persona” y en el que conocemos el deseo primo de la protagonista de dejar de ser una lavadora y por otro lado es donde la autora nos presenta a un personaje que quiere asemejarse en trato y favor a una persona considerada ente poseedor de derechos fundamentales como el respeto, la dignidad, el honor, etc. Es toda una revelación humana de cómo romper los grilletes de una sociedad en cadena que argolla sus propios eslabones en pos de su existencia. A pesar de que, con esa deseada libertad, se pierda toda identidad. Le sigue el resto de capítulos que conforman este álbum y por los que vamos descubriendo la vida privada de Wass.


Wassalon es un cómic hecho por una mujer y, eso, se nota. Cualquier cosa que Wass haga o diga, contiene todo un conjunto de elementos típicamente femeninos, así como el exponer cómo ve y se relaciona con el mundo y con los hombres. Además, Wass tiene una doble personalidad que se mezcla: por un lado es una jodida ramera intransigente con el mundo y consigo misma y, por otro, es alguien muy maleable, fácil de engañar y convencer, inocente y poco astuto.
Al acabar de leer el cómic lo único que sentí fue ansiedad. Aunque su estilo sea grácil, sugerente y minimalista con detalles precisos, los diálogos y dibujos están tan sobrecargados de subconsciente que llega a ser apabullante. Es como meterse dentro de la mente de alguien y ser taladrado, sin descanso, por el continuo interminable de pensamientos y reflexiones. Toda una proeza por parte de la autora y por la que muchos dibujantes e ilustradores pagarían por conseguir.
Todo el cómic está cargado de una atmósfera que sigue el patrón: amor-desamor-amor, subidas y bajadas como la vida misma. Y es eso, precisamente, lo que no deja descansar al lector: que en un cómic de unas 45 páginas (de 19x21), tanto las intervenciones de los protagonistas (a menudo ausentes como en el capítulo “La capsa de tornar coses”) como el dibujo en sí sean de una intensa dosis de realidad gris, depresiva e insuficiente, y buen portavoz del aurea mediocritas.
Un cómic donde se refleja a la perfección la vida de muchos jóvenes de hoy día que han perdido la brújula del mundo –o bien nunca la han poseído-; que viven como niños en un ambiente y en un cuerpo de adultos; cuyo hogar es frío y desangelado; que la única familia que encuentran –si es que la encuentran- está compuesta por otros niños como ellos. Juegos de cama, borracheras y tardes sin horarios. El orden del desorden. Un grupo generacional que viste el futuro de hule gris: vida en la calle y casa como pensión sin control de acceso. El todo vale. Tan típicamente postmoderno que he llegado a dudar de si tengo 22 años o 65.
Es, desde el punto de vista psicológico y social, interesante cómo ha acabado estructurándose el pensamiento de Wass, la cual es referente de toda una generación de niños perdidos sobre cómo reaccionarán éstos ante determinados estímulos; en qué contextos se encuentran desprotegidos; y con qué cosas hallan un sentido metafísico donde no lo hay, hecho al que recurren para sentirse plenos en un mundo repleto de espejos que reflejan imágenes grotescamente deformadas. Ése es el refugio de los jóvenes Wass.


El ser Barcelona la ciudad escogida donde transcurra la acción dice mucho de cómo será la personalidad de Wass: tardes y noches de pakibirreo en Plaça Virreina, confesándose ante recién conocidos, fiándose de la sonrisa postiza o confiando su integridad a amistades tan inestables como la hojarasca de otoño. Por no nombrar esa maldita y recién costumbre de ver la vida con un desdén típicamente grunge y sofista: “nada tiene sentido hasta que me digan que sí que tiene”.
Wass en Wassalon es la “personificación” (o lavadorización) de esa idea de joven que engloba al que estudia una carrera, módulo, trabaja o cobra el paro y que se define por su sentido de sobreprotección dentro del grupo homogéneo, viendo con malos ojos al diferente, al que rompe esa falsa armonía de todo a cien. Es ese joven que se considera demasiado mayor para los juguetes pero aún joven para andarse con letras hipotecarias. Un perdido que tiene algún modelo casi borroso de lo que significa “ser adulto” y que detesta lo infantil e incorrupto. Todo, absolutamente todo, está catalogado en o bien tener un mensaje capital, o bien por carecer de total importancia.
Recomiendo su lectura, pues aunque Wassalon haya sido el trampolín que he usado para destripar a una generación de jóvenes y sus costumbres, no deja de ser un cómic muy humano protagonizado por una entrañable lavadora que sólo busca su sitio en el mundo. Resaltando que el estilo empleado roza la genialidad por el mundo interior que la autora ha reflejado en creaciones como "patoconejo" o "half monster-half strawberry". Sobresaliente la didáctica explicación y magnífica ilustración del apareamiento de la babosa y el acertado uso del castellano, catalán e inglés en todo el cómic de forma natural, sin olvidar esa encantadora mirada atenta y llena de dulzura de la misma Wass.
Recomiendo su lectura, pues aunque Wassalon haya sido el trampolín que he usado para destripar a una generación de jóvenes y sus costumbres, no deja de ser un cómic muy humano protagonizado por una entrañable lavadora que sólo busca su sitio en el mundo. Resaltando que el estilo empleado roza la genialidad por el mundo interior que la autora ha reflejado en creaciones como "patoconejo" o "half monster-half strawberry". Sobresaliente la didáctica explicación y magnífica ilustración del apareamiento de la babosa y el acertado uso del castellano, catalán e inglés en todo el cómic de forma natural, sin olvidar esa encantadora mirada atenta y llena de dulzura de la misma Wass.
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