La amistad es nuestra religión; Nadie, nuestro Dios; y la ignorancia, nuestro templo. Bienvenidos.
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jueves, 30 de diciembre de 2010

Els Enigmes de l'Esfinx: Parlem d'Amor

Recuerdo de un gran lunes: programa de radio y buenas invitadas. ¿El tema? El amor. Lo malo es que sólo se quedó en tema de conversación. 
De izq. a dch.: Marina, yo mismo, Andrea, Fénix, Ramon y Rapsoda.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Veni, vidi, non vici

Piazza Navona, Roma. Julio de 2010.

Coitus abortatus por tontus: Se dice del coito que no puede acontecer porque ellas toman dirección "Monte Palatino" y ellos, dirección "Trastevere".

jueves, 28 de octubre de 2010

Una carrera por la belleza

Ayer martes salía de mi casa después de comer dispuesto a coger el autobús para partir hacia la biblioteca que se encuentra en el centro de mi ciudad. Cuando me estaba acercando se cruzó en mi camino una joven de extremada elegancia, con un cabello largo, castaño y rizado, camiseta amarilla, botas negras y altas y tejanos ajustados azul descolorido, cuyos apretados y apetitosos glúteos pronosticaban, aun sin yo saberlo, una ardúa e hipnótica competición. En ese mismo momento, pasó por mi lado el autobús que debía coger y me lancé a la carrera, pero por un par de segundos no llegué a tiempo. Entonces llegó ella a la parada del autobús tranquilamente, sin haberse dejado el aliento en el proceso como yo, y tras observar el panel electrónico y apercibirse que el siguiente autobús aun tardaría casi diez minutos en llegar se detuvo a reflexionar. En circunstancias normales yo ya habría partido andando hacia el centro, pero su presencia me retenía poderosamente. Ella, la desconocida y la reconocida, no sentía obviamente lo mismo, y se fue. Tras unos segundos en los que me pregunté estúpidamente si me iba detrás de ella por seguirla o por ir a la biblioteca, decidí ir detrás suyo, puesto que nuestros caminos coincidían, y para convencerme de que no era un acosador me dispuse a tomar la ruta que habría tomado habitualmente si no me la hubiese encontrado, es decir, la más corta.

Al detenerse ella en el semáforo yo pude alcanzarla y hasta adelantarla. Pero cuando ya creía que toda esta infantil historia se había acabado al meterme por un solitario callejón, ella me volvió a adelantar. Cada uno avanzaba enérgicamente por una acera distinta pero me llevaba cierta ventaja. Empezaron a dolerme los gemelos por la velocidad a los que los hacía trabajar. En el divertidísimo juego ella se me cruzó velozmente y me lanzó una mirada pícara de reojo que yo no acerté a devolver a tiempo. No estaba dispuesto a salir derrotado así que aceleré el paso y volviéndome a cruzar la adelanté dando todo lo que podía de mi. Tanto fue así que para cuando quise darme cuenta había desaparecido y me detuve en otra parada del autobús para buscarla sin éxito. Abandonada toda esperanza continué, esta vez a paso calmado, hasta mi destino cuando de improviso la vi aparecer diez metros por delante mío y echando la mirada atrás, y su melena saltarina al viento, jugaron nuestras miradas coquetas un par de segundos inmortales para luego desaparecer.

La maravilla de vivir se encuentra en la banal y colectiva experiencia cotidiana transgredida por la ilimitada fantasía individual.

Fénix fantástico

martes, 21 de septiembre de 2010

Drive experience

800 km. Esos son más o menos los que he recorrido en soledad este fin de semana. El jueves por la noche fui a casa de un amigo a pedirle varios cds de música (rock, ska, heavy, punk, reggae, etc.) y esas fueron las únicas voces y sonidos que me acompañaron durante todo el viaje: emocionante acicate para mi exacerbada sensación de libertad expresada en un acelerador que explotaba al máximo, el domingo a las 18:00, 167 caballos de motor a más de 200 km/h. La música envolvía poéticamente el clímax de mi experiencia acelerando enérgicamente las revoluciones de mi ser que se fusionaban con la misma mecánica de la máquina.

Una carretera interminable donde recorrer con lluvia, viento, sol y sombra la eternidad y en mi interior la constante emoción de estar superando un límite humano mediante una extensión propia de mi cuerpo: el coche. Si para los samuráis la espada es una extensión de su brazo en aquellos momentos yo debí sentirme como un transformer, en un plano de existencia superior, colocado de adrenalina, elevado por encima de la mundanidad. El bello de todo el cuerpo se me ponía de punta sintiendo un estremecimiento en el espinazo que recorría todos mis nervíos hasta la saturación. Libertad sería la forma sencilla de expresarlo pero resultaba tan embriagadora la potencia que llega a experimentar mi cuerpo con tan solo coger con el dedor pulgar y el índice un aro de piel de unos quince centímetros de diámetro que la palabra resulta simplemente insuficiente. En esos momentos te dices : "El mundo es mío" y sin notarlo tu pie responde a tu ego desatado, sintiendo como si tu propia alma fuese a arrastrar tu cuerpo liviano para echarse a volar sin dificultad. Tan peligrosa como catárquica, la experiencia de conducir me transmitía un control y satisfacción absolutos sobre mi vida en aquellos momentos y me otorgaba la seguridad no cuestionada, la independencia realizada en el tránsito entre dos puntos tan lejanos, en el propio movimiento desbocado donde todo gira confusa e indescerniblemente, los pensamientos y las ideas no tenían tiempo de alcanzarme.

Fénix motorizado