La amistad es nuestra religión; Nadie, nuestro Dios; y la ignorancia, nuestro templo. Bienvenidos.

martes, 16 de marzo de 2010

Gracias Pep Guardiola: El Caballero Blaugrana


Acaban de nombrar a Pep Guardiola Catalán del año. Siempre he dicho que no hay que tener ídolos, ni héroes, ni iconos porque no se debe mitificar a las personas, en todo caso son honrables sus actos y sus palabras, pero las personas son imperfectas todas y los monumentos a personas los he considerado siempre un error. Cuando tenía doce años leí en mi libro de texto de lengua catalana una entrevista que le hicieron y me impresionó ya entonces su madurez exempta de fanfarronería pero muy segura de sí misma. Me fascinó, sobre todo, su capacidad para ser tan honesto y directo sin ser maleducado, arrogante, vanidoso o decadentemente destructor. Poco tiempo después me preguntaron quien era mi ídolo y yo dije entonces inseguro: Pep Guardiola. Pero entonces no era tan famoso. No es que quiera decir que yo descubrí hace tiempo su genialidad porque muchos también lo hicieron, y aunque fue un jugador muy notable no fue su habilidad lo que me impresionó porque lo cierto es que apenas soy forofo del fútbol. ¿Qué vi entonces en él y se ha desarrollado hasta lo que es hoy?

Este hombre me ha devuelto la confianza en unos valores que consideraba en decadencia. Y he llegado a una conclusión que me ha complacido mucho, lo cual me tienta a creérmela: "Las palabras se vuelven verdad si te las crees". Este hombre es un ejemplo de la actitud contra la crisis que se debe tener: esfuerzo y dedicación, sacrificio, disciplina y constancia sin igual para cumplir una promesa, un sueño, un proyecto (el término depende de la idealidad o dificultad del plan y ya sabemos lo que ha conseguido). Los valores de un caballero y estratega de leyenda están representados míticamente en él: humildad intelectual, elegancia verbal y estética, determinación inquebrantable, firmeza, valor, empatía, templanza, autocrítica, mentalidad abierta pero al mismo tiempo metódica y organizada, gran capacidad de respuesta, flexibilidad y sobre todo PALABRA y COMPROMISO. Persistir sin retractarse o desdecirse en un sistema, en un plan, en un proyecto que sigue toda una filosofía clásica, recta y práctica y al mismo tiempo romántica (apasionada hasta casi la obsesión) a través del perfeccionamiento constante y devoto.

El F. C. Barcelona se ha vuelto la aplicación práctica de la religión autoconstruida y personal de Pep Guardiola, un Superhombre que mezcla valores caballerescos y destila romanticismo por todos sus poros sin salirse de unos esquemas muy bien medidos, establecidos y explícitamente declarados: el trabajo en equipo, el esfuerzo colectivo, el fruto dorado de un pequeño grupo que han brillado como estrellas más por su dedicación colaborando con sus estimados compañeros que por su isolable individualidad. Yo veo en esta actitud de Pep Guardiola (y digo en esta porque es la que conozco, la que he visto) la solución al posmodernismo, al relativismo y desasosiego constante actual.

Gracias y felicidades Pep. Todos tenemos mucho que aprender no de ti, sino de lo que has hecho, de tu actitud y de tus valores en este glorioso 2009.

Estudiante a Fénix

Antiheroísmo

Esta es la era de los antihéroes y del decadentismo. Puesto que somos incapaces de creer en la constancia y fiabilidad del género humano nos molesta la gente perfecta, los moralmente correctos, los mágicos triunfadores. Nos sabemos imperfectos, culpables, limitados, inacapaces y necesitamos reconocernos en otros como nosotros para sentirnos normales e integrados en la sociedad. Tendemos a creer que lo malo es probablemente más verdadero que lo bueno (nos gusta creerlo). Tras lo bueno o aparentemente bueno (si todo es relativo todo es aparente) porque siempre sospechamos intereses ocultos y falsedad que tarde o temprano será descubierta. La ficción (cine, teatro, literatura, etc.) nos hace creer que el mundo es así y al mismo tiempo siempre queremos encontrarnos con las expectativas que tenemos para no salir defraudados y pues la ficción nos la da. Como dice Jean Braudillard consideramos que la realidad es realidad solo si se parece a la ficción. Y es que, en definitiva, NO HAY ARTE SIN IDENTIFICACIÓN.



Nos atrae el riesgo porque es misterioso y peligroso, porque nos reta a superarlo y conquistarlo y precisamente cuanto más difícil parece algo de conseguir más crece nuestra sensación de obtener una gran recompensa por el esfuerzo. La amenaza, sino derrota y ahuyenta, alimenta el deseo, deseo de encontrar la trampa que existe por el miedo/emoción de saber la respuesta. Esa la esencia de lo seductor. En otras palabras para seducir hay que ser un poco amenazante, inaprensible, inconquistable e incluso algo peligroso.

Un amigo mío me dijo una vez sintetizando una idea que nos daba vueltas desde hace tiempo: "Las mujeres prefieren a los corderos como amigos y a los lobos como parejas". Supongo que con las metáforas correspondientes también se podría aplicara  los hombres. Pero esto claro está son mitificaciones y estreotipos porque yo he visto a presuntos lobos meter el rabo entre las patas a la mínima de cambio y a presuntos corderos pegar mordiscos que arrancarían un brazo. Claro, como decía, todo es aparente, pero vivimos en un mundo en el que tampoco queremos ir mucho más allá de la superfície porque o no tenemos tiempo o porque sencillamente nos interesa tener muchas relaciones y rápidas, sin buscar demasiado la calidad en cuanto a vínculos fuertes me refiero y así también se minimizan los daños cuando lo que se rompe nunca fue sólido. Si preferimos a los corderos como amigos es porque sabemos que las relaciones de amistad son más duraderas y fiables y lo bueno lo queremos hacer permanente aunque sea de una forma inconsciente. También lo valoramos menos y nos preocupamos menos de lo bueno porque lo consideramos seguro, sobre todo cuanto más tiempo pasa. Las relaciones sexuales se quieren como relaciones frenéticas y muy variadas, con personas que no nos importen y por tanto cuya moralidad tampoco tenemos tanto tanto en consideración. Prevalecen la superficialidad y la apariencia, poco más que primeras impresiones que nos atrapen, fruto de actuaciones estelares dispuestas a proyectar determinadas imágenes encandiladoras y por supuesto predeterminadas.
Y recordando el día de la mujer trabajadora haré una última reflexión que reconozco que se va demasiado del título pero me da igual. Lo peor es cuando algunas personas, hombres y más lamentable aun, mujeres, consideran que el machismo acaba cuando el hombre participa activamente en las labores del hogar y en general ha conseguido la paridad en cuanto a derechos y deberes en todos los ámbitos de la vida social. Hay un machismo solapado, cultural y de valores, tan arraigado y normalizado que apenas es cuestionado y que sin embargo persiste poderosamente y muchas mujeres, MUCHAS, lo defienden conscientemente sin reflexionar sobre lo machista que es. Preferir a los "chicos malos" o incluso decir que les gustan los hombres "que me den caña" (y eso lo he oído yo en boca de feministas que odian con toda su alma el machismo), hombres un poco canallas, algo crueles, duros e insensibles como definición de masculinidad, es profundamente machista. Hombres así los necesitan mujeres sin autoestima, que no son capaces de darse caña solas, y el ideal de mujer sensible y emocional y emotiva como femenina también es muy machista.

Da mucho que pensar esto, pero en definitiva el machismo es una cosa también muy de mujeres.

Estudiante a Fénix

viernes, 12 de marzo de 2010

Judit y el banquete de las tempestades

El Chico de Estanyo llegó a un lugar que le resultaba vagamente familiar, aunque no lo supo identificar. Delante, Don Pimpon y él encontraron una puerta flotante. El pomo parecía seguir cierta filosofía oriental: estaba, pero no perturbaba, no perturbaba, pero no se movía. El pomo preguntó con voz de mimo al Chico de Estanyo:
- Quiénes somos?
- Somos lo que nos da sentido.
- Por qué estamos?
- Estamos porque llegamos.
- Adónde vamos?
- Vamos a donde nos dirigimos.
La extraña puerta austeramente decorada se abrió, aunque ahora el pomo mostró su verdadero rostro (una tez cuadrada pero afable, rigurosa, comprensiva y con el aspecto del que lleva mucho tiempo en el mismo lugar) y preguntó una vez más a la estrambótica pareja visitante, aunque ahora desde la curiosidad personal:
- Y a dónde te diriges tú, chico de chapa?
- Quiero cruzar el gran puente invisible. Estoy buscando mis manos.
El Chico de Estanyo y su acompañante Don Pimpon cruzaron el templado umbral en el que nada los detenía y se adentraron en un patio de columnas bajas flotantes con hiedra en sus capiteles, ignorando las últimas palabras del pomo:
- Pues aquí no vas a encontrar lo que buscas, chico; aquí no vas a encontrar nada de nada, de hecho. Lo mejor sería que…
Pero ya no lo escuchaban. En medio del espacio al que acababan de llegar no había nada; o al menos nada que pudieran apreciar. Tan sólo unas minúsculas luces flotantes del tamaño de canicas que se movían perezosamente por un espacio que se les antojaba limitado por algún campo de fuerza, o cosa por el estilo. Ellos no entendían de esas cosas.
Sin embargo, alrededor del espacio donde gravitaban las pequeñas luciérnagas verdes, encontraron una serie de personajes acomodados de pie en otras tantas minúsculas nubes que parecían sostenerlos en aquel lugar donde todo flotaba. Eran unas nubes poco habituales, de un pálido color rosa y con hebras azuladas que se enroscaban por la superficie con frenesí; bastaba que los ocupantes de las nubes se movieran un poco más de lo debido para que una parte significativa de éstas se desvaneciese para no volver, o volver muy lentamente.
A pesar de la aparente tranquilidad que pudiera reflejar tal lugar, el grupo de invitados daba rienda suelta a una verborrea aparentemente absurda de frases cruzadas que de vez en cuando se intercalaba en un pequeño nexo que hacía pensar que estaban manteniendo realmente un diálogo. Pero era una ilusión: la verdad es que todo el mundo soltaba la suya sin apenas echar cuentas de la perorata del resto.
Situado en una gran nube cuyas hebras azules alcanzaban la altura prácticamente del lomo, un can prosopopéyico ladraba a los visitantes:
- No soy Platón! No soy Platón!
Delante de él, al otro extremo, un hombre barbudo con sombrero ajado les regalaba la mejor de sus sonrisas mientras fumaba apaciblemente una pipa cuyo humo, sin que se diese cuenta, provenía de su propia nube y por tanto menguaba paulatinamente el tamaño de ésta.
También encontraron un manco trilero, un cíclope bizco y una mujer con medias negras y peineta que tan sólo se dedicaba a contar meticulosamente los carraspeos de los dialogantes que la acompañaban en una libretita, escribiendo una cruz al lado de cada nombre en su cuaderno con unos movimientos ágiles y graciosos del bolígrafo.
Don Pimpon quiso parar a charlar un poco con alguno de aquellos sugestivos personajes, pero prefirió mantenerse fiel a su amigo y acompañarlo hasta el fondo de tan estrafalaria escena. Allí encontraron una inmensa balanza profusamente ornamentada con tres platillos dorados unidos por cadenas de cristal. La balanza se situaba en la cabecera de la mesa del lugar, si hubiese habido mesa, aunque sí era desde luego lo que más reclamaba la atención por su tamaño, estilo y dominancia que ejercía sobre el resto. A pesar de ello, los comensales no parecían prestarle atención en absoluto, y aún menos a la aburrida mujer que agotaba la superficie de uno de los platillos, el que estaba más arriba de los tres. El platillo dorado opuesto estaba inclinado casi totalmente hacia abajo, aunque nada contenía que hiciese sospechar su peso y su marcada inclinación. El tercer platillo era como si flotara entre los otros dos, no se inclinaba por ninguno de sus hermanos pero tampoco estaba estático; era como si se hubiese desvinculado.
La mujer estirada plácidamente en el primer y más alto platillo parecía ajena al inusual banquete y hacía caso omiso a ninguno de sus invitados. Una pierna le colgaba despreocupadamente por el borde del mismo platillo. Vestía de una manera muy extraña, más que cualquiera de los comensales, y parecía la carta del tres de picas. A juzgar por el platillo opuesto de la balanza, el Chico de Estanyo pensó que la mujer no debía pesar más de un gramo.
Se acercó a preguntar seguido de Don Pimpon, aunque fue ella la que habló primero:
- Me llamo Judit. Soy organizadora del banquete.
- Lo sé. Te he estado buscando.
- Quién eres? Hacía mucho tiempo que no te veía por aquí.
- Yo he estado aquí? No lo recuerdo…
- Yo tampoco. Los dos éramos diferentes. Además, por aquí pasa tanta gente…
- Me lo imagino. Pero…
- Por qué?- le cortó Judit
- Bueno, no lo sé; pero…
- Oye, tu amigo no habla?- le volvió a interrumpir.
- No-. respondió Don Pimpon
- Ya veo… - señaló Judit desganademente. Echó un momento la mirada al cielo como si aguantar a aquella gente fuera lo más aburrido, o lo más irritante que pudiera haber en el mundo. – Quién eres, hombre?- preguntó a Don Pimpon
- No-. respondió éste
- Oye, sólo sabes decir no?
- No.
Ahora fue el Chico de Estanyo quien interrumpió la espontánea conversación de la pareja:
- Mira, sólo sabe decir no. Perdona, necesito preguntarte algo.
- De dónde has sacado eso? Es algún tipo de “arreglo” o algo?- preguntó sin mirar al chico. Se refería a sus pinzas.
- Precisamente sobre eso quería preguntarte. Estoy buscando mis manos.
- Qué?- Judit no lo escuchaba. Los comensales habían subido el tono de voz una vez perdido el interés en los recién llegados y el barullo era considerable.
- Que estoy buscando mis manos!
El perro ladró más fuerte (“No soy Platón!”) mirándolos directamente e incluso el templado hombre de sombrero ajado que fumaba en pipa se puso a platicar animadamente con un hombre a su lado cuyo finísimo bigote era tan largo que se enroscaba varias veces alrededor de su cuerpo, sirviéndole de ropa.
- Que estás buscando qué? No te escucho, grita más!- pidió Judit desde la altura de su platillo de lo más irritada.
- Mis manos! MA-NOS!
- Ah! Tus manos. Aquí no las encontrarás. Márchate pronto o se pondrán tan nerviosos que acabarán todos sin nube.
Pero el Chico de Estanyo no había viajado miles de kilómetros y agotadoras jornadas para nada. Ni se movió del sitio ni se dio por vencido. Pese a su preocupación, siempre sabía cuando iba a conseguir algo, y su instinto no le había fallado nunca.
- No espero encontrarlas aquí!- dijo gritando por encima de la algarabía para hacerse entender.- Un hombre me dijo que te preguntara!! Que me indicarías el camino al gran puente invisible!
- Quién?!
- Un hombre!
- Quién!?!
- Un hombre-e-e! No importa cómo se llamara! En el Ciberlaberinto.
Como si alguien hubiera quitado la voz a través de un mando automático, la sala quedó muda nada más acabar el Chico de Estanyo su frase. Ni siquiera la había dicho gritando, pero bastaron esas pocas palabras para finalizar la bullanga y captar la atención de todos los comensales (incluida la mujer que anotaba los carraspeos, que levantó la vista de su libreta) y Judit, que por vez primera dirigía la mirada a las complicadas gafas que lucía el chico.
- Vienes del Ciberlaberinto?
- Eso es.
- Por el amor del cielo, chico, qué se te perdió allí?- los invitados seguían con interés supino ahora el diálogo, y sus nubes dejaron de perder consistencia por un momento.
- Eso ahora no viene al caso. He perdido mis manos – elevó las pinzas herrumbrosas que lucía como extremidades para que Judit las viera – y quiero recuperarlas. Hablé con un hombre en el Ciberlaberinto y me dijo que tú podías ayudarme. Estoy buscando el gran puente invisible para cruzarlo.
Viendo la tensión que había creado involuntariamente y que la escena había adquirido un cierto cariz civilizado, dijo:
- Me podrías ayudar? Por favor.
Pero ahora Judit se interesó más por el chico que por su historia, y no pudo evitar una ráfaga de preguntas:
- Por qué llevas pinzas?
- No las llevo. Son mías pero quiero recuperar mis manos. Con esto…
- Y esas gafas?
- Sólo puedo ver a través de ellas.
- Por qué emiten luces azules que se mueven?
- El color refleja mi estado de ánimo.
- Los cristales son oscuros.
- Sí. Eso es porque…
- De qué material están hechos?
- La verdad que…
- Por qué tienes una tapa de basura en la espalda?
- No es una tapa. O sí, no lo sé. Hace tiempo que me creció y no me la puedo quitar…
- Por eso andas inclinado?
- Sí…
- Me gusta tu pelo rubio.
- Gracias.
- Cómo consigues el peinado?
- Basta!! Basta. No sé, vale? No sé. Por favor, Judit, no tengo mucho tiempo que perder. Como has podido ver la tapa hace que cada vez ande más inclinado y me cueste más caminar; las pinzas crecen y su color metálico oxidado aumenta día a día; el pelo brilla menos y las gafas casi nunca emiten colores vivos. Quieres saber más de mí? Está bien: ayúdame y te prometo que cuando recupere mis manos te visitaré y charlaré contigo tanto como gustes. Te parece bien?- Judit lo miraba con una mezcla en la mirada como de agravio y simpatía, caso de que tal mirada pueda ser compuesta. El chico volvió a preguntar dado el mutis de su interlocutora – Sí? Te parece bien? Eh?
Los comensales aguardaban con impaciencia sin hacer ni un gesto en sus nubes. Habían seguido la conversación con fervor.
- Para llegar al gran puente invisible, primero debes pasar por el Reino de Nada. Allí hallarás el camino.
- Gracias, Judit. Gracias.- Ya había conseguido la información que quería pero esta vez fue él quien se quedó con la duda- Por cierto… quién son toda esta gente tan extraña?
- Son mis comensales.
- Ah! Sí?- el Chico de Estanyo se había quedado un momento pensativo. Algo no le cuadraba.- Y qué comen?
- Ego.
Visto que el Chico de Estanyo y Don Pimpon daban por terminada la conversación y se daban la vuelta, los invitados retomaron de nuevo sus filípicas absurdas, aunque el tiempo en la sala empezaba a cambiar y una fina lluvia comenzaba a deshacer las nubes de los invitados y a empaparlos a todos menos al chico y su acompañante, que ya se dirigían a la salida mientras Judit volvía a mirar al cielo, ahora pensativa, su silueta recortada contra los nubarrones que se avecinaban.
El Chico de Estanyo pasó al lado de varios comensales mientras volvía por el camino que había tomado al venir, con Don Pimpon a muy pocos pasos detrás suyo. Éste le dirigió una mirada y, aunque Don Pimpon no hablaba, el chico sabía interpretarla:
- Qué caprichosa esta Judit!- le comentó en un susurro amistoso- No es muy simpática, eh?
- No… - dijo Don Pimpon.
Cuando ya se alejaban pasaron al lado del perro que no había dejado de ladrarles desde que entraron, y como para dar fe de ello, los siguió con una mirada amenazante y aumentó el volumen de sus ladridos cuando el Chico de Estanyo pasó a su lado sin mirarle:
- No soy Platón! Nooo soy Platón, no!!
Pero Don Pimpon, de alma candorosa, siempre paraba a calmar los extraviados, y se le acercó sin miedo al minúsculo reducto que le restaba al can debido a su excesivo movimiento y le acarició sin miedo la cabeza peluda. El perro al principio desconfió, pero enseguida se dejó hacer. Don Pimpon tenía ese don. Lo tranquilizó y enseguida no sólo dejó de ladrar, sino que se arrimó a él para que le siguiera acariciando.
- Vamos, Don Pimpon!- le llamaba el Chico de Estanyo ya casi desde la puerta.
Don Pimpon dejó a su nuevo amigo, que apenas podía menearse en su nube, y se dirigió corriendo con su compañero de viaje. El perro lloraba ahora lastimeramente:
- La teoría del mundo de las ideas era correcta! Era correcta… Pero yo no soy Platón…
Las nubes negras que habían aparecido por el flanco de Judit cubrían ahora toda la sala y descargaban su furia en forma de lluvia insistente sobre los comensales, que miraban en derredor curiosos, inconscientes de que el agua destruía las porciones que les restaban de nube y los precipitaba al vacío. Las columnas perdían color, se torcían y se agrietaban. Las pequeñas luces verdes que antes gravitaban vivamente en el espacio central se habían apagado. Judit yacía apoyada en su plato de la balanza dorada, al fondo, empapada y pensativa. Su platillo había bajado algunos palmos y el contrario había subido levemente. El banquete había acabado.
(I)

El Rapsoda de la ignorancia

miércoles, 10 de marzo de 2010

Duelo en el Castillo: ExCaballero Macarra vs Monstruo Kappare

¡Comienzan las apuestas!

Estudiante a Fénix

De los 21 a los 22

Iba a contestar a J. Y. con un comentario a su anterior actualización-dedicatoria, pero pienso que una actualización como respuesta es más apropiado para decir todo lo que quiero expresar.

No ha habido en la historia de mi vida un año más revolucionario que 2009. Tras una tediosa y belicosa decadencia durante parte de 2007 y todo 2008 en la que comencé a romper y desconfiar de mi viejo grupo de amigos y mis rutinas tradicionales hogareñas empezaron a fallar y dejar de hacerme sentido, me aventuré en un viaje a la capital francesa que había de transformar por completo mi vida. Ahora mismo puedo decir que de no haber hecho ese viaje el presente sería muy, MUY distinto para muchas personas de la universidad y de mi entorno inmediato familiar y amistoso. No soy capaz de llegar a entender hasta qué punto yo he llegado a transformar mi microuniverso pero he creado vínculos y puentes entre personas que conocía y desconocía (también he destruido y reconstruido), personas a las que también he servido como nexo o enlace y luego yo he sido dejado bastante de lado. A nivel personal he experiementado cambios en mi físico, estados de ánimo hasta hace poco ignotos, de imagen y de comportamiento en los que nunca me habría creído poder ver y sentir. He aprendido mucho y también he olvidado bastante: he cambiado. Y ahora que tanta gente está conmigo es cuando a menudo me siento más solo.

El viaje que yo inicié en París fue el comienzo de una nueva era en la que a través de un prolongado periodo de sufrimiento como jamás he vivido siento haber ganado más que en veinte años de vida. Y lo he ganado gracias a la humildad y al amor y al sufrimiento, con una determinación que pasa por una capacidad de comprensión tan potente que autodestruye y que me ha hecho reunirme y acercarme más que nunca a personas a las que nunca les podré agradecer lo suficiente el apoyo que me han dado y sin el cual todo habría sido también muy distinto. Ahora comienzo este nuevo año con mucho menos miedo y mi ansiedad ya casi ha desaparecido. Tan solo con recordar quienes sois los que me rodeáis y me hacéis sentir valioso y querido, y sois más que nunca, vale la pena reir y alegrarse y sentirme muy afortunado.

Así que, escuchando esta canción, que para mi será a partir de ahora la canción de J.Y., puedo recordar que sois muchos lo que me acompañáis en mi viaje al igual que yo en el vuestro y las heridas de guerra (la mayoría autinflingidas) se hacen menos dolorosas y hasta se olvidan sabiendo que hay personas como J.Y y Pare que se acuerdan de mi e intentan hacerme sentir bien. Tanto la letra como la melodía me han gustado mucho y sin duda que disfrutaré del viaje, pero lo haremos juntos y haré que vosotros disfrutéis del vuestro. Tener a gente como vosotros de amigos es el mejor regalo y solo puedo daros las gracias y continuar esforzándome como lo he hecho hasta ahora.

I. O.

Enjoy the Ride

Entrada dedicada a I.O.

El Rapsoda de la ignorancia

domingo, 7 de marzo de 2010

Sobre el ser uno mismo

"Ser uno mismo" es una expresión que se utiliza muy a menudo y que creo que conviene pensar que queremos decir con ella. Ser uno mismo o ser natural en el sentido más espontáneo del término es una justificación cortés para decir "hago lo que me da la gana". Y es una confusión desde mi punto de vista bastante grave. La chorrada de todo esto es que en el fondo uno no puede dejar de ser uno mismo a no ser que no sea libre. No eres tu mismo únicamente cuando no eres libre y en sociedad tenemos leyes y normas sociales represoras, luego nunca podemos ser del todo nosotros mismos porque nunca podemos ser del todo libres a pesar de que en nuestra vida nunca dejemos de perseguir ese ideal. También es gracioso pensar que la represión es una limitación de la identidad cuando reprimir también es un acto de libertad y de identidad. Ponemos leyes porque queremos, escogemos poner leyes (a nivel social-colectivo pero también individual) o lo hacemos sin pensar porque organizar a las personas también implica ponerles límites y simplificamos para hacer soportable y agradable la realidad.

Por lo tanto ser uno mismo no significa nada excepto en casos en los que haya una coacción más que evidente (pistola en la boca, etc.) e incluso si nos ponemos existencialistas de hecho siempre podemos elegir y cuanto menor sea nuestra posibilidad de elección y más comprometida esté nuestra vida más heroicos son nuestros actos. Morir es una elección. A mi entender, y esto es importante, uno no es verdaderamente libre solo cuando no puede decir sí y no, pero la cuestión clave es ¿como estamos seguros de que alguien, incluso nosotros mismos, no estamos sometidos a coacciones o manipulaciones constantemente? ¿Y hasta qué punto la influencia de los demás no es manipulación, para bien o para mal? En otras palabras, nunca podemos dejar de ser nosotros mismos o, lo que es lo mismo, siempre somos nosotros mismos aunque sintamos que nunca lo seamos del todo, porque incluso cuando mentimos, consciente o inconscientemente, por elección o espontaneidad, es un resultado de nuestro carácter.

La sensación de incompletud es universal, un acicate lacerante para vivir, porque solo somos cuando sucedemos y solo sucedemos cuando actuamos y tomamos decisiones y no hay mayor sensación de ser que rebelarse, conquistar, humillar, derrotar a uno mismo, al otro, lo que sea, pero ha de implicar sensación de control y dominación. Ser, realizarse es triunfar y dominar. Como no lo podemos controlar todo y nosotros mismos y los demás no dejamos de cazarnos buscando nuestras debilidades generando dudas, comparándonos con los demás y cuestionando la eficacia y/o moralidad de lo que hacemos y decimos, siempre nos sentiremos incompletos, falibles. La duda hace pensar, genera miedo, limita, derrota pero precisamente por ello también amplia el abanico de posibilidades, mayor capacidad de elección, un horizonte más amplio que por su inabastabilidad resulta horrorosamente abrumador. No dudar nunca no parece tampoco la respuesta.

Que nos comportemos de formas diferentes con personas o en situaciones distintas es inevitable hasta cierto punto y en cualquier caso como me enseñó muy bien el Kappa "NO SOMOS, ESTAMOS", es decir, dependemos de nuestro estado de ánimo, aunque podamos intentar modificarlo. Muchos sociólogos, psicólogos y antropólogos opinan que actuar siempre igual con todo el mundo es de enfermos, pero lo cierto es que adaptarse constantemente a los demás y al entorno sin oponer ninguna resistencia o iniciar una negociación o discusión que implique que ese entorno nos reconozca mínimamente también es enfermizo. Nuestra obsesión enfermiza por capturar y ordenar la realidad es una traición a la misma porque cuando le hemos hecho la foto ya ha cambiado. Ni siquiera captarla fílmicamente como una sucesión imparable e inextricable de sucesos mostraría la riqueza y ferocidad de esta inaprensible corriente.

Ser, estar y parecer son tres verbos que se confunden entre sí en el laberíntico juego del lenguaje donde todo es interpretación e intertexto, mezclas de mezclas. Y como en todo juego hay ganadores, perdedores y posiciones. También hay suerte, pero sobre todo técnica y habilidad y necesidad constante de entrenamiento para nuestra realización en el triunfo de nuestros discursos con vocación de poder. Quien gana el juego tiene el poder de cambiar las reglas. Estoy bien, me realizo, luego soy (en ese estado), luego me siento ganador.

Termino esta reflexión con una reflexión de Freud que me gusta mucho aunque no la recuerde literalmente:

"A mayor integración social mayor afectividad y menor pensamiento autónomo"

El peregrino endormiscado