La amistad es nuestra religión; Nadie, nuestro Dios; y la ignorancia, nuestro templo. Bienvenidos.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Power to move

Una vez, un joven de unos quince años que vivía en una aldea en medio de las montañas se preguntó cual era la naturaleza del poder. Se preguntó qué era aquello que hacía moverse a las personas para alcanzar sus objetivos y sobre todo, cómo podía él mover a los demás, darles aliento y secretamente en su interior, hacer que respondiesen a sus intereses.

Una mañana se fue a ver al alcalde, supuestamente él hombre con más poder del pueblo, y le preguntó:
- ¿Cómo hace para que los aldeanos le hagan caso y por qué lo eligieron a usted?
El alcalde le respondió:
- Me escogieron por qué soy el hijo del anterior alcalde y mi familia es conocedora de leyes y costumbres como ninguna. Con ellas se mantiene el orden y la paz en la aldea, y nuestra gente lo sabe y me respeta.

El joven se fue de allí no demasiado convencido de lo que el alcalde le había dicho, aunque le intrigó aquello del respeto. Al parecer el poder tenía que ver con el conocimiento de las leyes, una especie de conociemiento superior al que a él le habían enseñado en la escuela, pero aun no estaba seguro de que fuera así y se fue a ver al intelectual del pueblo, versado en todo tipo de materias. Y le hizo una pregunta más precisa de acuerdo con lo que quería saber:

- ¿Qué es un líder?
- Un líder es alguien que se hace querer por los demás. Es alguien que destaca y se gana la estima de las personas con las que se encuentra. El líder genera confianza y esperanza, contagia alegría y a través de actos honorables que lo hacen extraordinariamente capaz y valioso es seguido. Lo reconocerás porque su sola presencia es un alivio para los sufrimientos de la gente.

Tras ello, el quinceañero empezó a actuar noblemente y a estudiar sobre las costumbres y las leyes que gobiernan y con los años su reputación fue en aumento, los vecinos lo estimaban y confiaban en él para solucionar sus problemas. Y pronto se dio cuenta de que el conocimiento le daba poder y descubrió por su cuenta que el entusiasmo que ponía en todas sus empresas era contagioso, constructivo y cuando lo quería beneficioso para él mismo. En algunos momentos, incluso se apercibía con miedo de lo que podría hacer si tuviese menos escrúpulos.

Un día llegó a la aldea un grupo de extranjeros y le dijeron al alcalde que pretendían comprar la aldea para construir edificios. Los aldeanos podrían vivir con una reducción del precio original del 20%. El alcalde se ciñó a las leyes, las suyas, las que conocía, y demostró mediante papeles que las tierras eran de sus gentes y no estaban a la venta. El intelectual, que en aquellos momentos asesoraba al alcalde, añadió que en cualquier caso era injusto porque los aldeanos tendrían que comprar nuevas viviendas cuando no tenían necesidad. Los extranjeros arguyeron que era inevitable el cambio y que ocurriría por las buenas o por las malas y luego se fueron pidiéndoles que recapacitaran.

El joven, que ya se había convertido en adulto, escuchó en silencio toda la conversación y más tarde les preguntó con cierto temor al alcalde y al intelectual si no sería bueno llegar a un acuerdo con ellos. Ambos le respondieron que la negociación había terminado y que habían actuado cortés y civilizadamente dejando muy clara su posición. Así pues, a pesar de la inquietud que le había generado el tono amenazante de los extranjeros, confió en sus mentores y no se preocupó más.

Dos semanas más tarde los extranjeros llegaron armados e incendiaron la aldea matando a varias personas. Luego volvieron los negociadores y volvieron a poner sobre la mesa la oferta. El alcalde y el intelectual finalmente cedieron. De esta forma, entendió finalmente que lo que él había aprendido hasta ahora había sido a conseguir autoridad y respeto, pero no poder. La justicia y las leyes las imponen quien domina, quien gana el juego pone las reglas, y solo el resultado del conflicto da ese don. El líder es aquel suficientemente fuerte como para seguir manteniendo su justicia. El poder era la voz de la dominación y la barbarie: capacidad bélica.

Fénix cuentista

martes, 7 de diciembre de 2010

El Divino Bohemio y el SuperBufón

 

Leyenda de incógnito,
estandarte de lo decadente.
Antihéroe de ficción,
caído y en el cielo,
gloria imponente de elegancia.

Un tipo humano,
fantasía adaptada al entorno,
mago sociólogo errante,
rey solitario silencioso
en su trono milenario.

Indiferente y loco:
busca destacarse en la sombra.
Nada pide, solo es y está.
¿Diferencia mesiánica?
No, un extraño disfraz asimilado.

Frente a él...

Gran bufón negador,
agitador de sociedades,
revelador de naderías,
florecedor de carcajadas
en la censura del decoro.

Egocéntrico burlón,
crítico no remunerado
conocedor fanfarrón de máscaras.
Férrea voluntad espontánea
de desestancar a cualquier precio.

Negador de significados,
creador de nuevos sentidos,
humilde farsante simpático,
pobre bromista sin autoridad,
mago improvisador sin estudios.

Dos fachadas de lo extraordinario.

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Fénix poeta

Escoria

Una noche cualquiera de agosto, dos policías establecían su turno de patrulla por una zona poco transitada, a las fueras de la ciudad; esa noche tenían ganas de fiesta, estaban animados.
En un recodo de la carretera, algo más allá en el campo y detrás de unos arbustos, divisaron un viejo coche estacionado, y con las luces apagadas se dirigieron hacia el lugar.
Pararon a unos pocos metros y bajaron del coche patrulla. Rodeando sigilosamente el otro auto, y a pesar de la oscuridad del lugar, avistaron un par de figuras en el interior que se movían rítmicamente.
El de mayor rango, un hombre de unos cincuenta años, se sonrió y le dijo a su compañero:
-Vamos a divertirnos un rato, qué te parece?
El otro, de semblante lánguido, ya conocía a su jefe y le devolvió la sonrisa. Estaba más cerca de la puerta trasera, donde se encontraban los jóvenes, y tenía la mano echada sobre su pistola en el cinturón.
-Quién empieza?
-Ve tu primero -le dijo el jefe-. Saca al chico, que nos vamos a entretener.
Entonces el más joven de los dos policías abrió la puerta trasera y encañonó a la pareja adolescente que estaba en pleno coito, dándoles un susto de muerte.
-Quietos! No sabéis que está prohibido utilizar esta zona como picadero?
El chico, que no tendría más de diecinueve años, balbuceaba muerto de miedo con los calzoncillos por la rodilla:
-P-pero...
-Os vais a cagar. Tu, listo, fuera del coche.
Se subió los pantalones lo más aprisa que pudo y obedeció con diligencia al agente. Ya fuera, la chica se colocaba el vestido para salir también del vehículo. El policía se lo impedió:
-Tu, quieta ahí.
Completamente desconcertado y asustado, el joven no lograba entender:
-Eh, eh, pe-pero... qué va a hacer? Eh, qué pasa?
Entonces se dejó ver el policía veterano, al que hasta el momento no había advertido:
-Tu ven conmigo, que te voy a hacer unas pruebas. Y calladito o te meto un puro que te enteras.
El otro agente de la orden y la ley se metió en la parte trasera del coche cerrando la puerta tras de sí con el seguro.
-Eh, eh... qué le va a hacer? Qué hace...?
-Que te he dicho que te calles, coño!- le gritó mientras le arreaba con la culata de su arma reglamentaria en la cabeza- Y que vengas pa'cá.
En los siguientes quince minutos, el joven fue obligado a limpiarle las botas al veterano agente mientras éste le insultaba, vejaba e incluso le pateó una vez, a la par que escuchaba los gritos de su novia a veinte metros dentro del coche, hasta que se oyó un ruido sordo y ya sólo se escuchó la vieja amortiguación del vehículo.
El policía más joven salió al poco del coche y le dijo al otro “ya está; le he tenido que dar, porque no se callaba”, mientras se abrochaba la cremallera.
Entonces el jefe dejó al muchacho con el otro y se dirigió sonriendo y palpándose ostentosamente la entrepierna por encima del pantalón hacia donde acababa de salir su compañero.
Al llegar y abrir la portezuela del coche, con las bragas en los tobillos y un pequeño moratón en la ceja, los ojos de su hija le devolvieron la mirada más aterrada que el viejo policía vería en su vida.

Basado en una notícia 


El Rapsoda de la ignorancia

viernes, 3 de diciembre de 2010

jueves, 2 de diciembre de 2010

Veni, vidi, non vici

Piazza Navona, Roma. Julio de 2010.

Coitus abortatus por tontus: Se dice del coito que no puede acontecer porque ellas toman dirección "Monte Palatino" y ellos, dirección "Trastevere".

miércoles, 1 de diciembre de 2010

¡La mítica batalla entre los escarchados!

Información filtrada por Wikileaks.

¡La mítica batalla entre los escarchados tuvo lugar en tiempos remotos, junto a las costas de una población a donde hoy sólo veranean homosexuales!
¡Aquí, en esta foto rescatada del tiempo, podemos ver cómo cada miembro de la remota logia de la Escarcha Mental lanza un buen golpe al semblante del contrincante, cerrando un círculo vicioso que núnca tendría fin!

¡Mírese la cara de dolor real de uno de los implicados, atestigua lo dura que debió ser la reyerta!

La dorada pequeñez

Una niña que te sonríe,
una canción redescubierta,
una nube con forma de castillo,
un cachorrillo que se te acerca.
Esta es mi poesía.

Belleza de lo insignificante,
una banalidad reencantada,
poder de lo intrascendente,
historia de una mierda revificada.
Esta es mi poesía.

Un avispa muriendo en el agua,
quedar con mal conocidos,
releer un viejo libro,
probar un nuevo sabor de yogur.
Esta es mi poesía.

Revelación en lo rutinario,
un tedio bien aprovechado,
sublimar el aburrimiento,
remistificar lo agotado.
Esta es mi poesía.

Plantar un arbol en el jardín,
charla espontánea con desconocidas,
escuchar conversaciones ajenas,
visitar el incógnito pueblo vecino.
Esta es mi poesía.

Rebuscar en lo baldío,
cavar más allá del aparente fondo,
posibilitar lo obsoleto,
crear aventura en un basurero.
Esta es mi poesía.

Observar la leña crepitando,
dibujar y pintar tu barrio,
hacer reír al triste,
inventar un plato nuevo.
Esta es mi poesía.

Submergirse en la apariencia
y buscar potencia de misterio,
amplificar lo descubierto,
Ensanchar, en fin, la realidad.
Esta es mi poesía.

Y este es mi pequeño final:
Crear un microclímax en cualquier lado,
apoteosis minimalista,
reírme de las grandes pasiones,
apasionarme con las pequeñas naderías.
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Fénix poeta