La amistad es nuestra religión; Nadie, nuestro Dios; y la ignorancia, nuestro templo. Bienvenidos.

jueves, 28 de octubre de 2010

Una carrera por la belleza

Ayer martes salía de mi casa después de comer dispuesto a coger el autobús para partir hacia la biblioteca que se encuentra en el centro de mi ciudad. Cuando me estaba acercando se cruzó en mi camino una joven de extremada elegancia, con un cabello largo, castaño y rizado, camiseta amarilla, botas negras y altas y tejanos ajustados azul descolorido, cuyos apretados y apetitosos glúteos pronosticaban, aun sin yo saberlo, una ardúa e hipnótica competición. En ese mismo momento, pasó por mi lado el autobús que debía coger y me lancé a la carrera, pero por un par de segundos no llegué a tiempo. Entonces llegó ella a la parada del autobús tranquilamente, sin haberse dejado el aliento en el proceso como yo, y tras observar el panel electrónico y apercibirse que el siguiente autobús aun tardaría casi diez minutos en llegar se detuvo a reflexionar. En circunstancias normales yo ya habría partido andando hacia el centro, pero su presencia me retenía poderosamente. Ella, la desconocida y la reconocida, no sentía obviamente lo mismo, y se fue. Tras unos segundos en los que me pregunté estúpidamente si me iba detrás de ella por seguirla o por ir a la biblioteca, decidí ir detrás suyo, puesto que nuestros caminos coincidían, y para convencerme de que no era un acosador me dispuse a tomar la ruta que habría tomado habitualmente si no me la hubiese encontrado, es decir, la más corta.

Al detenerse ella en el semáforo yo pude alcanzarla y hasta adelantarla. Pero cuando ya creía que toda esta infantil historia se había acabado al meterme por un solitario callejón, ella me volvió a adelantar. Cada uno avanzaba enérgicamente por una acera distinta pero me llevaba cierta ventaja. Empezaron a dolerme los gemelos por la velocidad a los que los hacía trabajar. En el divertidísimo juego ella se me cruzó velozmente y me lanzó una mirada pícara de reojo que yo no acerté a devolver a tiempo. No estaba dispuesto a salir derrotado así que aceleré el paso y volviéndome a cruzar la adelanté dando todo lo que podía de mi. Tanto fue así que para cuando quise darme cuenta había desaparecido y me detuve en otra parada del autobús para buscarla sin éxito. Abandonada toda esperanza continué, esta vez a paso calmado, hasta mi destino cuando de improviso la vi aparecer diez metros por delante mío y echando la mirada atrás, y su melena saltarina al viento, jugaron nuestras miradas coquetas un par de segundos inmortales para luego desaparecer.

La maravilla de vivir se encuentra en la banal y colectiva experiencia cotidiana transgredida por la ilimitada fantasía individual.

Fénix fantástico

miércoles, 27 de octubre de 2010

Discusiones surrealistas de universidad

Ya os he presentado a mi profesor Rafael Argullol, alias Bill, cuyas reflexiones y salidas no dejan de sorprenderme para satisfacción de unas clases que en principio consideraba monótonas e insustanciales. Si la semana pasada descubrí en mi letargo que era la reencarnación de David Carradine ayer di un paso más allá y me di cuenta de que además tiene vocación de sociólogo, carrera de la cual sorprendentemente no es licenciado. Reproduzco aquí tal y como recuerdo (y como no son palabras exactas me disculparán la manipulación en algo tan inocente) cual fue nuestra discusión en clase en el contexto de la prosa de la obra Doktor Faustus, de Thomas Mann, y en concreto del personaje Senerus, narrador de la biografía de Adrian Leverkhun (Fausto):

"Encuentro que hay cierta soberbia en el narrador, Senerus (y quizás en el mismo Thomas Mann), cuando se ríe del lector que se salta las larguísimas disgresiones descriptivas sobre la naturaleza de una mariposa o una composición de Beethoven que realiza y que no parecen tener una relación demasiado directa con el núcleo argumental conflictivo de Adrian Leverkhun."

Muy sensatamente el me respondió con algo que yo ya sabía, aunque era muy acertado decirlo, pero no se quedó ahí y he aquí el motivo principal de esta en0trada...:

"Thomas Mann no vivía en una sociedad donde se consumían los libros como fast food, donde el lector necesita ser seducido desde el primer momento, sino que esperaba que el lector se enfrascase en la gran aventura de una lectura tan larga y compleja como ésta a pesar del estilo parsimonioso de su prosa. Realmente necesita de todas estas páginas para decir todo lo que tiene que decir" [...]

Y sin saber yo muy bien cómo aun, aunque creo que la idea iba sobre el poder de la sugestión, de la lenta y elaborada cocción de la revelación de una verdad, y la ambigüedad como generadora de misterio por encima de ir al grano y decir las cosas claras, acabó por preguntarme en su respuesta de casi diez minutos:

"-¿Crees que si le preguntaras a las mujeres directamente si quieren acostarse contigo lo harían? Yo creo que no, ¿tu qué crees?"

A lo cual mi respuesta....

- Ah, ¿de verdad tengo que contestarte? No sé, no he hecho ningún test, pero supongo que en general no."

Y así fue, con una broma para salir del paso y entre risas y carcajadas, que se acabó la clase.


Fénix hecho de materia divina

domingo, 24 de octubre de 2010

Death Meal



Fénix

viernes, 22 de octubre de 2010

Resurrection in Pompeu


En el tedio más absoluto de una discusión sobre la contradictoria lógica del arte moderno he aquí la revelación divina que me fascinó durante buena parte de la tarde del martes: Rafael Argullol es David Carradine reencarnado! Efectivamente, el multilicenciado, intelectual premiado con el Premio Nadal y un largo etcétera de títulos y galones que no vienen al caso ha adquirido las habilidades inigualables de Bill, enemigo de la sádica Beatrice que todos recordarán, y guerrero inigualable en Kung Fu. Yo creo que el aire de sabio elevado, de Bodhisatva en ambos, es más que evidente.

Fénix cabroncete

Viajar II

El sujeto en la visión clásica, aun extraviado frente al vértigo de las cosas, acaba por encontrarse a sí mismo en la confrontación con ese vértigo; atravesando el mundo- viajando en el mundo- descubre su propia verdad, esa verdad que al principio es tan solo potencial y latente en él y que traduce en realidad a través de la confrontación con el mundo.[...]

Se parte, se atraviesa el mundo y se vuelve a casa, si bien a una casa muy distinta a la que se dejó, porque ha adquirido significado gracias a la partida, a la escisión originaria. [...]

En el automóvil de la sociedad moderna viajar se trueca además en un escapar, en un violento romper límites y vínculos. El viajero no solo descubre la precariedad del mundo, sino también la del viajero, la labilidad del Yo individual que empieza- como intuye Nietzsche con despiadada claridad- a disgregar su identidad y su unidad, a convertirse en otro hombre. [...]

El viaje pasa a ser entonces un camino sin retorno hacia el descubrimiento de que no hay, no puede ni debe haber un retorno, un viaje que procede siempre hacia delante, hacia un malvado infinito, como una recta que avanza titubeando en la nada.

Perdiéndose en el mundo y abandonándose al mundo se disgrega, pero al final también se reconoce y se reencuentra, como dice la parábola de Borges: "Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años, puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara."

Extraído del prefacio de El infinito viajar de Claudio Magris

Fénix viajero

sábado, 16 de octubre de 2010

Viajar I

"El viaje siempre recomienza, siempre ha de volver a empezar como la existencia, y cada una de sus anotaciones es un prólogo; si el recorrido del mundo se transfiere a la escritura, éste se prolonga en el traslado de la realidad al papel- tomar apuntes, retocarlos, borrarlos parcialmente, reescribirlos, desplazarlos, variar su disposición.- [...]

Viajar no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca.  [...]

Viajar sintiéndose siempre, a un tiempo, en lo desconocido y en casa.
Cada viaje implica una experiencia similar; alguien o algo que parecía estar cerca y ser bien conocido se revela extranjero e indescifrable, o bien un individuo, un paisaje, una cultura que considerábamos diferentes y ajenos se muestran afines y emparentados con nosotros. [...]

Quien viaja es siempre un callejeador, un extranjero, un huésped; duerme en habitaciones que antes y después de él albergarán a desconocidos, no posee la almohada en la que apoya la cabeza ni el techo que le resguarda. Y así comprende que nunca se puede poseer verdaderamente una casa, un espacio recortado en el infinito del universo, sino tan solo detenerse en ella, por una noche o durante toda la vida, con respeto y gratitud. No por azar el viaje es ante todo un regreso y nos enseña a habitar más libre y poéticamente nuestra propia casa."

"La salvación crece allá donde crece el peligro" (Holderlin)

Extraído del prefacio de El infinito viajar de Claudio Magris

Fénix viajero

viernes, 15 de octubre de 2010

Evolución del concepto de felicidad

¿En qué momento y por qué dejamos de creer que la felicidad era jugar para creer que era estar tranquilo y en paz?

Fénix juguetón