La amistad es nuestra religión; Nadie, nuestro Dios; y la ignorancia, nuestro templo. Bienvenidos.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Ruega que sea largo...

"Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca

debes rogar que el viaje sea largo,

lleno de peripecias, lleno de experiencias.

No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,

ni la cólera del airado Posidón.

Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta

si tu pensamiento es elevado, si una exquisita

emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.

Los lestrigones y los cíclopes

y el feroz Posidón no podrán encontrarte

si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,

si tu alma no los conjura ante ti.

Debes rogar que el viaje sea largo,

que sean muchos los días de verano;

que te vean arribar con gozo, alegremente,

a puertos que tú antes ignorabas.

Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,

y comprar unas bellas mercancías:

madreperlas, coral, ébano, y ámbar,

y perfumes placenteros de mil clases.

Acude a muchas ciudades del Egipto

para aprender, y aprender de quienes saben.

Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:

llegar allí, he aquí tu destino.

Mas no hagas con prisas tu camino;

mejor será que dure muchos años,

y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,

rico de cuanto habrás ganado en el camino.

No has de esperar que Ítaca te enriquezca:

Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.

Sin ellas, jamás habrías partido;

mas no tiene otra cosa que ofrecerte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.

Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,

sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas."

Ítaca, de Kavafis

Fénix viajero

Un minuto de risa


Los entierros y despedidas a cualquier persona son una de las cosas más tristes que existen en esta vida. Y quizá es mucho más triste cuando muere alguien que se dedicaba al humor, porque es como si él, con su trabajo, nunca hubiese dado a pensar que el drama le abordaría algun dia. Pues bien, este es el caso de Leslie Nielsen. Leslie ha muerto la noche del 28 de noviembre en su casa de Miami a los 84 años. 

No me voy a ir por las ramas, simplemente pido que, en vez de recordarle con un minuto de silencio, se haga con un minuto de risa, que es lo que debería hacerse en estos casos.

Gracias por tu trabajo, ¡y cuando llegues ante tu butaca celestial, aterriza y agarrarla como puedas!

Mr. Magoo

jueves, 25 de noviembre de 2010

Yo profeta









Me gustaría recordar que en este blog hará cosa de un mes publiqué una entrada que pediría encarecidamente que revisarais: "Averiguaciones en entornos fecales". Así, pues, "Yo profeta". En mis pesquisas descubrí que había algún tipo de complot público para sabotear las elecciones y reclamar verdaderos líderes políticos con dilatada y demostrada experiencia para salir de la crisis. ¿Quienes mejor para Catalunya que los héroes de la serie más vista en la historia de la televisión en catalán? Una vez más se demuestra el poder de facebook. Y esta es la consigna, enormemente atrayente, para movilizar a las masas:

" Català:

N'estàs tip de veure aquestes cares sonrient-te com si tinguessin la cura a tots els teus problemes?

Nosaltres també!

El joc d'en Cèl.lula a Catalunya consisteix en enganxar cartells a sobre (i només a sobre) dels cartells electorals reals que vegis pel teu poble / ciutat.

En tenim un per cada partit important: PSC, CiU, ICV, PPC, Esquerra i Ciutadans, cadascun amb un personatge participant al Joc d'en Cèl.lula a Bola de Drac!

Perquè, que hi te a veure l'habilitat amb el photoshop per guanyar les eleccions? No siguem sabatots!

(Celebrem, de pas, els 20 anys de Bola de Drac a Catalunya)."

Fénix político

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Wassalon y "los niños perdidos"


Wassalon, Clara-Tanit Arqué. Astiberri Ediciones, 2007.

Wassalon es la obra por excelencia de Clara-Tanit Arqué (Girona, 1981) con la que le concedieron un accésit de cómic en el Certamen Injuve celebrado en 2007.

Wassalon (Wass a partir de ahora) es una lavadora que decide rebelarse contra su propia funcionalidad. El cómic parte del primer episodio titulado “Soy una persona” y en el que conocemos el deseo primo de la protagonista de dejar de ser una lavadora y por otro lado es donde la autora nos presenta a un personaje que quiere asemejarse en trato y favor a una persona considerada ente poseedor de derechos fundamentales como el respeto, la dignidad, el honor, etc. Es toda una revelación humana de cómo romper los grilletes de una sociedad en cadena que argolla sus propios eslabones en pos de su existencia. A pesar de que, con esa deseada libertad, se pierda toda identidad. Le sigue el resto de capítulos que conforman este álbum y por los que vamos descubriendo la vida privada de Wass.



Wassalon es un cómic hecho por una mujer y, eso, se nota. Cualquier cosa que Wass haga o diga, contiene todo un conjunto de elementos típicamente femeninos, así como el exponer cómo ve y se relaciona con el mundo y con los hombres. Además, Wass tiene una doble personalidad que se mezcla: por un lado es una jodida ramera intransigente con el mundo y consigo misma y, por otro, es alguien muy maleable, fácil de engañar y convencer, inocente y poco astuto.

Al acabar de leer el cómic lo único que sentí fue ansiedad. Aunque su estilo sea grácil, sugerente y minimalista con detalles precisos, los diálogos y dibujos están tan sobrecargados de subconsciente que llega a ser apabullante. Es como meterse dentro de la mente de alguien y ser taladrado, sin descanso, por el continuo interminable de pensamientos y reflexiones. Toda una proeza por parte de la autora y por la que muchos dibujantes e ilustradores pagarían por conseguir.

Todo el cómic está cargado de una atmósfera que sigue el patrón: amor-desamor-amor, subidas y bajadas como la vida misma. Y es eso, precisamente, lo que no deja descansar al lector: que en un cómic de unas 45 páginas (de 19x21), tanto las intervenciones de los protagonistas (a menudo ausentes como en el capítulo “La capsa de tornar coses”) como el dibujo en sí sean de una intensa dosis de realidad gris, depresiva e insuficiente, y buen portavoz del aurea mediocritas.

Un cómic donde se refleja a la perfección la vida de muchos jóvenes de hoy día que han perdido la brújula del mundo –o bien nunca la han poseído-; que viven como niños en un ambiente y en un cuerpo de adultos; cuyo hogar es frío y desangelado; que la única familia que encuentran –si es que la encuentran- está compuesta por otros niños como ellos. Juegos de cama, borracheras y tardes sin horarios. El orden del desorden. Un grupo generacional que viste el futuro de hule gris: vida en la calle y casa como pensión sin control de acceso. El todo vale. Tan típicamente postmoderno que he llegado a dudar de si tengo 22 años o 65.

Es, desde el punto de vista psicológico y social, interesante cómo ha acabado estructurándose el pensamiento de Wass, la cual es referente de toda una generación de niños perdidos sobre cómo reaccionarán éstos ante determinados estímulos; en qué contextos se encuentran desprotegidos; y con qué cosas hallan un sentido metafísico donde no lo hay, hecho al que recurren para sentirse plenos en un mundo repleto de espejos que reflejan imágenes grotescamente deformadas. Ése es el refugio de los jóvenes Wass.



El ser Barcelona la ciudad escogida donde transcurra la acción dice mucho de cómo será la personalidad de Wass: tardes y noches de pakibirreo en Plaça Virreina, confesándose ante recién conocidos, fiándose de la sonrisa postiza o confiando su integridad a amistades tan inestables como la hojarasca de otoño. Por no nombrar esa maldita y recién costumbre de ver la vida con un desdén típicamente grunge y sofista: “nada tiene sentido hasta que me digan que sí que tiene”.

Wass en Wassalon es la “personificación” (o lavadorización) de esa idea de joven que engloba al que estudia una carrera, módulo, trabaja o cobra el paro y que se define por su sentido de sobreprotección dentro del grupo homogéneo, viendo con malos ojos al diferente, al que rompe esa falsa armonía de todo a cien. Es ese joven que se considera demasiado mayor para los juguetes pero aún joven para andarse con letras hipotecarias. Un perdido que tiene algún modelo casi borroso de lo que significa “ser adulto” y que detesta lo infantil e incorrupto. Todo, absolutamente todo, está catalogado en o bien tener un mensaje capital, o bien por carecer de total importancia.

Recomiendo su lectura, pues aunque Wassalon haya sido el trampolín que he usado para destripar a una generación de jóvenes y sus costumbres, no deja de ser un cómic muy humano protagonizado por una entrañable lavadora que sólo busca su sitio en el mundo. Resaltando que el estilo empleado roza la genialidad por el mundo interior que la autora ha reflejado en creaciones como "patoconejo" o "half monster-half strawberry". Sobresaliente la didáctica explicación y magnífica ilustración del apareamiento de la babosa y el acertado uso del castellano, catalán e inglés en todo el cómic de forma natural, sin olvidar esa encantadora mirada atenta y llena de dulzura de la misma Wass.



MatadePare Radio

Ni la muerte los separa


¡Vayan abriendo boca! ¡Una muestra de lo que podrán ver en el MUJA!

Gafapastas extinto

martes, 23 de noviembre de 2010

LA POLILLA Y EL FUEGO (reedición)

Érase una vez una polilla que vagaba sola por un desierto gélido llamado realidad. La polilla volaba, pues, ciega avanzando en busca de esperanza, calor y luz. En medio de aquel desierto abismal, tras muchos meses de agitar sus alas incansablemente, de comer poco y dormir menos, algo destelleó en el horizonte. Fuera un espejismo o  una realidad algo diferente rompía la uniforme masa oscura. Sedienta de diferencia, de amparo, de compañía y seguridad estable, la polilla se dirigió más veloz que nunca hacia aquella anormalidad. Pronto creyó distinguir una promesa.
           Tanto tiempo llevaba sin diferenciar oscuridad de oscuridad, desconfianza de desconfianza y palabras de palabras que cuando vio que aquel brillo destelleante también lo buscaba a él, comenzó a creer. Y se acercó más y más, más y más. Un calor cada vez más reconfortante la invadió, pero era inconstante e inestable. "Mejor es esto que nada"- pensó- y siguió acercándose. Pasaron los días y pronto empezó a apercibirse de que algo fallaba: nunca alcanzaba del todo aquella intensidad deseada y al mismo tiempo el calor que desprendía la estaba quemando poco a poco. Decidió alejarse, apercibiéndose tarde de la trampa en la que había caído. Lamentablemente para ella ya había sido atrapada en el bucle. La polilla sabía que podía encontrar un calor verdadero en otra parte pero como no sabía ni donde ni cuando llegaría, no había garantías, nunca las había, y tan cansada estaba de errar, que tras haberse alejado unos días de aquel amparo inconstante se sintió arrastrada de nuevo desesperadamente hacia aquella falsa fuente de luz cuyo recuerdo le hacía escocer las puntas de sus pesadas alas. El mundo antes de ella era feo, ahora se le hacía insoportable.
           El fuego, así lo llamó la polilla, medio amenaza, medio revelación, lo recibió bien y le dio lo que buscaba a cambio de agitar sus alas para avivarlo. Pero aquello solo hizo que el fuego se volviera más fuerte e intenso y la polilla tuvo que alejarse una vez más para no morir abrasada. En aquel ciclo de atracción y rechazo se mantuvo durante meses, atraída por el insuperable deseo, por el incesante reclamo que la misma existencia de aquella llama le suponía. El insecto siempre estaba dispuesto a agitar sus alas para el fuego, hasta que al final inevitablemente se cansó, sus alas débiles dejaron de moverse y el deseo la hizo arder en el fulgor de la centelleante provocación. El fuego lamentó perder las alas que lo batían tan vigorosa y vehementemente, pero sabía que no le costaría atraer nuevas polillas.
Las últimas palabras de la polilla fueron:

"Hoy me ves aquí cayendo penosamente como era mi destino, calientapolillas, pero un día renaceré siendo un ave fénix y tú querrás abrazarme para que te eleve hacia los cielos a los que apuntas".

Fénix con fuego propio

domingo, 21 de noviembre de 2010

La tarea del escritor

"Los he denominado custodios de las metamorfosis, y también lo son en un sentido diferente. En un mundo consagrado al rendimiento y a la especialización, que no ve sino cimas a las cuales aspira en una especie de limitación lineal, que, a su vez, dirige todas sus fuerzas a la fría soledad de aquellas cumbres, pero que descuida y confunde lo que tiene al lado, lo múltiple y lo auténtico, que no se presta a servir de puente hacia ninguna cima; en un mundo que cada vez prohíbe más la metamorfosis por considerarla contraria al objetivo único y universal de la producción; que multiplica irreflexivamente sus medios de autodestrucción a la vez que intenta sofocar el remanente de cualidades adquiridas tempranamente por el hombre y que pudiera estorbarlo; en un mundo semejante, que desearíamos calificar del más obcecado de todos los mundos, parece justamente un hecho de capital importancia el que haya gente dispuesta a seguir practicando, a pesar de él, este preciado don de la metamorfosis.


Gracias a un don que antes era universal y ahora está condenado a atrofiarse, pero que ellos debieran conservar con todos sus recursos, los escritores deberían mantener abiertos los canales de comunicación entre los hombres. Deberían poder metamorfosearse en cualquier ser, incluso el más ínfimo, el más ingenuo e impotente. Su deseo de vivir experiencias ajenas desde dentro no debería ser determinado nunca por los objetivos que integran nuestra vida normal u oficial por decirlo así; debería estar libre de cualquier aspiración a obtener éxito o importancia, ser una pasión para sí, precisamente la pasión de la metamorfosis.


El escritor está más próximo al mundo si lleva en su interior un caos; pero a la vez se siente, y este ha sido nuestro punto de partida, responsable de dicho caos; no lo aprueba, no se siente a gusto en él ni se considera un genio por haber dado cabida a tantos elementos contrapuestos y sin ilación entre sí: aborrece el caos y no pierde la esperanza de superarlo tanto por él como por los demás.

Su orgullo consistirá en enfrentarse a los emisarios de la nada- cada vez más numerosos en literatura-, y combatirlos con medios distintos a los suyos."

Elias Canetti en La profesión del escritor

Fénix escritor