La amistad es nuestra religión; Nadie, nuestro Dios; y la ignorancia, nuestro templo. Bienvenidos.

domingo, 27 de febrero de 2011

Who could ask for more?

Música para un buen wateque veraniego.



Fénix Copabana

jueves, 24 de febrero de 2011

Posando con Javier Cárdenas

En la Rambla dels Estudis, Barcelona.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Tres tipos de malos profesores

Hay tres tipos de malos profesores. Por un lado, los que simple y llanamente no tienen ganas de hacer clase y están ahí porque es su oficio. Normalmente estos no son muy exigentes porque les importa poco o nada que sus alumnos aprendan o en cualquier caso no consideran que dependa de ellos.

El segundo tipo es el más peligroso. Son aquellos que les gusta la enseñanza, es su vocación, pero están más preocupados por demostrar lo mucho que saben que en que sus alumnos aprendan. Las consecuencias más inmediatas es que se produce un gran distanciamiento entre alumno y profesor. El primero está absolutamente al servicio del segundo y se presupone que los alumnos tienen que saber por adivinación lo que sus profesores quieren de ellos en sus trabajos y exámenes. Las explicaciones de qué deberían haber hecho para aprobar el examen o trabajo vienen después de suspender, cuando después de pedir clemencia Dios-profesor baja de su trono divino para darte unas pistas, toda una revelación, que te lleven por el camino recto, que es el suyo y es indiscutible. Cuando intentas razonar con ellos humildemente que si tu trabajo tiene otras virtudes no reconocidas o si tal o cual texto o imagen no se podría interpretar de otra forma (e incluso a través de autores que aparecen en la bibliografía y que tú has citado perdiendo horas en la biblioteca buscándolos), adoptan una postura paternalista, o agresivamente intransigente, o incluso silenciosa y nada comunicativa. Definitivamente las tutorías no se inventaron para estos profesores.

El tercero es inocuo, el más triste y quizás el más abundante. Es el profesor típicamente de instituto puteado por unos alumnos adolescentes en plena pubertad que no paran de hacer gilipolleces y cabronadas para reírse del profesor y sacar unas risas a sus compañeros y sobre todo compañeras. Son personas sin capacidad para imponerse (y a veces es francamente muy difícil cuando el ambiente es muy hostil) que no inspiran ni manifiestan respeto (autoridad académica) ni directamente miedo (chantajes o amenazas legítimas en la defensa personal). A veces son personas con muchas ganas de enseñar pero sin el temperamento adecuado y acaban desquiciados con el oficio, quemados o hasta con depresión. 

Ya que estoy, y puesto que yo algún día me dedicaré a esto, diré qué me parece un buen profesor, y afortunadamente he tenido unos cuantos. En primer lugar, y esto es impepinable, un profesor tiene que tener ganas de serlo, tiene que ser su vocación. Porque la mejor manera de interesar a alguien sobre algo es creyéndote tu mismo que lo que dices tiene mucho interés, y el entusiasmo se contagia. Y con ello me refiero a enseñar y hacerse entender a sus alumnos, aunque tampoco hasta que a uno le tomen el pelo. Esto ya es de entrada sacrificado y a veces muy poco o nada agradecido, pero quien se dedique a esto lo tiene que saber. Con la autoridad académica a la que antes me refería quiero explicarme mejor. Con ello voy a algo realmente difícil y que es a veces una cuestión de encanto, carisma e inteligencia naturales complicados de adquirir en una escuela. Un programa ordenado y claro con los objetivos del curso, trabajos, exámenes y valor de estos es algo de rigor. Además, se entiende que se tiene que dar una explicación de la metodología a emplear, con tiempo, si hay que dar alguna directriz especial para el estudio o realización de una actividad que el alumno pudiera no saber. Más que nada porque cada profesor quiere cosas radicalmente distintas y no son capaces de llegar a un puto consenso metodológico ni siquiera dentro del mismo departamento. Esto parece obvio pero no lo es.
Luego sería deseable que el profesor fuese ordenado explicando y no entrase en clases-bucle (misma lección durante semanas) o larguísimas disgresiones, a veces anecdóticas y otras personales, en medio de una lección para no venir a decir nada. Bromear a veces está bien, te ganas la simpatía del alumno, recuperas su atención y le quitas tensión. En esto un curso de retórica sería casi imprescindible. Lo que ya no está siempre en manos del profesor, por mucho que se esfuerce, es hacer interesar al alumno por una materia que en si misma es infumable. Lo he visto en algunos profesores, pero eso ya es cosa de maestros de la enseñanza con una extraña magia que yo no sé cómo explicar.

Fénix Teach

Sota del faig

"Enmig de la boira que munta
l'estiu sospira: - M'en vaig-,
i a penes rosseja una punta
de la brancada del faig.

El sòcol nuós d'una soca
em dona pau i secret;
em sento segur com la roca,
de tota angoixa distret.

Creguts que he finat en mon lleure,
sense tèmer engany ni dol,
tranquil, el tudol baixa a beure
i em rasa el peu l'esquirol.

I sona com tota allunyada
- formes, colors s'han perdut-
la font en la sorda cantada
de l'absoluta solitud."

Arbres, de Josep Carner

Lo mejor de la buena poesía es que aunque pueda parecer que no tenga ningún sentido o no se entienda, sigue siendo bella de leer. Como una canción en un idioma extranjero.

Fénix en el árbol

martes, 22 de febrero de 2011

sábado, 19 de febrero de 2011

Trovando

La "lauzeta" es un pájaro que en castellano se llama alondra. Al parecer era bastante querido y admirado por los trobadores porque cuando se lanzaba a volar ascendía directamente hacia el sol, símbolo de la Domina, la señora amada. Era un icono de valentía y libertad. Pongo dos versiones del mismo tema porque las dos tienen su encanto particular. Son interpretaciones distintas porque su lenguaje musical era distinto y no tenemos resgistros precisos de cómo debían sonar.





Fénix trobador

Flashes en la oscuridad

Desde hace un par de meses cuando me voy a la cama y durante el periodo de duermevela y de sueño profundo tengo ciertas visiones, imágenes a veces en movimiento, y malos sueños que tienen que ver con la muerte y la violencia. Quiero describir algunos de ellos porque me resultan especialmente sugerentes y si a mi colega Pareja le apetece dibujarlos, como hemos acordado recientemente, sería especialmente ilustrativo e interesante.

1. En una de estas imágenes aparezco yo caminando por una pasarela blanca en medio de un túnel lila y negro serpenteando un color con el otro. En sus paredes, además, unos relojes, como los del Doraemon cuando viajaba en el tiempo o el del famoso cuadro de Dalí, van dando vueltas en círculos a mi alrededor. Yo camino por la pasarela y al final hay un espejo en el que aparece la imagen clásica de la muerte con su túnica negra, su capucha, su faz esquelética y su guadaña.

2. La segunda imagen es mucho más vieja y se remonta en mis recuerdos a hace dos años. Estoy yo en medio de un páramo desértico con la tierra agrietada en un día gris y cálido. Se levantan nubes de polvo y luego un viento huracanado y para evitar que me arrastre clavo una espada muy ancha en el suelo, delante mío, y me refugio tras de ella. Cierro los ojos para evitar que la arena me ciegue y me aferro a la empuñadura con todas mis fuerzas.

3. La tercera imagen guarda un parecido con la segunda. Esta vez estoy yo sentado plácidamente con las piernas cruzadas y los ojos cerrados en medio de otro páramo desértico. Está oscuro como si fuera de noche, pero en realidad parece como si solo hubiese muchas nubes de tormenta. Cinco espadas gigantes me rodean clavadas en el suelo y formando un pentágono siento que me protegen y me ayudan a concentrarme.

4. En la cuarta imagen aparece un árbol gigante, como un Ent pero sin rostro, que corre por un bosque con unas piernas ágiles y larguísimas como troncos. Salta de golpe una montaña y cae encima de una ciudad haciendo un gran destrozo.

Las otras imágenes se refieren a escenas en las que muere gente más o menos cercana a mi o se pelean o incluso yo mismo me peleo y muero. La interpretación inmediata que se me ocurre de todo esto es que tengo miedo a enfrentarme con el exterior, que me resulta hostil y muy agresivo, porque si sigo caminando sin miedo lo otro puede matarme.

Fénix surrealista