La amistad es nuestra religión; Nadie, nuestro Dios; y la ignorancia, nuestro templo. Bienvenidos.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

La grandeza de la caída

"¡Titán!, a cuyos ojos inmortales
los sufrimientos de la mortalidad,
vistos en su lastímera realidad,
no fueron de las cosas que los dioses menosprecian:
¿cuál fue de tu piedad la recompensa?
Un silente sufrir, e intenso;
la roca, el buitre y la cadena;
de dolores cuanto puede
advertir el altanero, la agonía que no muestra,
la asfixiante sensación de la congoja,
que sólo habla en su aislamiento
y está después celosa de que tenga
un oyente el éter,
y no ha de sollozar
mientras su voz no está sin eco.

¡Titán!, a ti se te concedió la pugna,
del sufrir y del querer,
que torturan cuando matar no pueden.
Y el Cielo inexorable
y la sorda tiranía del Hado
- el prevalente principio del Odio,
que para su deleite crea
las cosas que puede aniquilar-
te rehusaron aun la gracia de la muerte.
[...]

Tu crimen divinal fue el ser benévolo,
hacer con tus preceptos
que fuera menos
la suma de las miserias humanas,
y esforzar al hombre mediante su propia mente.

Defraudado aunque fuiste por lo Alto,
sereno en tu paciente energía,
en la fortaleza y la repulsa de tu espíritu impenetrable
que el cielo ni la tierra lograron conmover,
de una potente lección te somos herederos:
tú eres un símbolo y un signo
para el hombre de su hado y de su fuerza.
Como tú, el hombre es divinal en parte,
-turbio torrente de una fuerza pura-
y puede en las porciones
avizorar su propio, funeral destino,
su miseria y resistencia,
y su cuitada, sin aliados, existencia.
Frente al cual, puede su Espíritu
-émulo para toda pesadumbre-
emplazarse él,
y una firme voluntad y un percatar profundo,
que hasta en la tortura logra vislumbrar
su propia, concentrada recompensa.
Triunfa si se atreve al desafío
y hace de la muerte una victoria."

Diodati, julio 1816

de Lord Byron

Un homenaje a este bello poema.

El Caballero Macarra

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